carmela
Poeta asiduo al portal
Percibió una mirada clavada en su nuca con tal intensidad que se giró inmediatamente. Allí estaba él; de pie, con las piernas algo separadas, una mano en el bolsillo del pantalón y en la otra un cigarrillo. Durante lo que creyó una eternidad, fueron dos pares de ojos prendidos como si estuvieran imantados. Luego, él empezó a aproximarse lentamente mientras ella parecía clavada al suelo. Esperó a estar muy cerca para deshacerse del cigarro y con dos dedos inició una caricia en su mejilla; ella, bajando los párpados, ladeó levemente la cabeza como si quisiera atrapar aquella mano entre su cara y su hombro. Entonces, él se inclinó rozando su cuello suavemente con los labios. Ella sólo sintió su embriagante aroma envolviéndola, una aguda incisión y cómo huía la fuerza de su cuerpo convertida en un líquido denso y cálido.
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