María Francisca
GAVIOTA
Cuando las piedras se entrelazan a la par de aguas equinocciales;
cuando el color de los tornasoles se alumbra con las ráfagas del colibrí;
cuando lo conocido es la caricia y el detalle;
cuando la distancia se vuelve el verbo tácito de un nombre;
cuando las fronteras se eliminan para establecer espacios;
y descubro un rostro conocido en la perfección de la métrica clásica,
mientras en pañales, mi verso libre da sus primeros pasos;
cuando los elementos se comprenden en el total ritmo
de la melodía con el colibrí bebiendo de las aguas,
el hombre escogiendo el detalle,
el nombre convirtiéndose en la palabra presencia,
digo que la amistad se define como la creación
a cada escalón,
la disparidad de la suma,
la unión de metástasis.
De pies húmedos te traje conmigo para poder,
de manos terrenales,
alcanzar la esmeraldina,
el eco resuena en un capullo de vida pasada,
y por el azar, el Quijote se quedo en la esquina
con la batalla y las sombras,
su locura hizo de mi la añoranza
de aquellos que regalan arte de estrellas,
y puedo consignar el retorno de los recuerdos
en la persona de uno de esos artistas,
el amigo que gane.
He recorrido el peregrinaje del soporte poético;
quede huérfana de la mención y los
comentarios al margen de cada estrofa
con los típicos tachones en rojo,
el que me cimento la geografía literaria
se me fue, toco escoger el punto más cercano
para armar el mapamundi
y tratar de no perder soldados en las estrategias,
por eso, el gusto de saber que la persona
implícita en estas líneas representa
la manifestación de mi ser ausente.
Repito de nuevo amigo, y en ello,
el bagaje de pensamientos y sentimientos
corta el aire para conversar con la tertulia del pasado,
lamenté el tiempo inacabado en las tardes bohemias,
visitas inconstantes, horas ajustadas. Y ahora, después de hablar
a través de oraciones con el tiempo, las visitas y las horas,
la existencia vuelve a experimentarse a sí misma,
me dice que la magia de mi ángel sigue presente
en letras diferentes y esenciales,
las considero como amistad,
las rescato de mi propia alma.
cuando el color de los tornasoles se alumbra con las ráfagas del colibrí;
cuando lo conocido es la caricia y el detalle;
cuando la distancia se vuelve el verbo tácito de un nombre;
cuando las fronteras se eliminan para establecer espacios;
y descubro un rostro conocido en la perfección de la métrica clásica,
mientras en pañales, mi verso libre da sus primeros pasos;
cuando los elementos se comprenden en el total ritmo
de la melodía con el colibrí bebiendo de las aguas,
el hombre escogiendo el detalle,
el nombre convirtiéndose en la palabra presencia,
digo que la amistad se define como la creación
a cada escalón,
la disparidad de la suma,
la unión de metástasis.
De pies húmedos te traje conmigo para poder,
de manos terrenales,
alcanzar la esmeraldina,
el eco resuena en un capullo de vida pasada,
y por el azar, el Quijote se quedo en la esquina
con la batalla y las sombras,
su locura hizo de mi la añoranza
de aquellos que regalan arte de estrellas,
y puedo consignar el retorno de los recuerdos
en la persona de uno de esos artistas,
el amigo que gane.
He recorrido el peregrinaje del soporte poético;
quede huérfana de la mención y los
comentarios al margen de cada estrofa
con los típicos tachones en rojo,
el que me cimento la geografía literaria
se me fue, toco escoger el punto más cercano
para armar el mapamundi
y tratar de no perder soldados en las estrategias,
por eso, el gusto de saber que la persona
implícita en estas líneas representa
la manifestación de mi ser ausente.
Repito de nuevo amigo, y en ello,
el bagaje de pensamientos y sentimientos
corta el aire para conversar con la tertulia del pasado,
lamenté el tiempo inacabado en las tardes bohemias,
visitas inconstantes, horas ajustadas. Y ahora, después de hablar
a través de oraciones con el tiempo, las visitas y las horas,
la existencia vuelve a experimentarse a sí misma,
me dice que la magia de mi ángel sigue presente
en letras diferentes y esenciales,
las considero como amistad,
las rescato de mi propia alma.
Francisca