No quiero morir en tu palabra,
nadar en poemas superfluos
y ser la musa inspiradora de la nada.
Ya no quiero ser cautiva de tu deseo,
el capricho de tus horas
la razón de tu gran ego.
No quiero renacer en la agonía
de saber que sólo soy un verso
un eco de tu cinismo,
un espejo de tu yo interno.
No quiero que me busques
para revivir tus maniáticos anhelos
para construir castillos de hielo
comparados
con lo que juntos
podríamos erigir.
No quiero ser el vacío de tu mirada,
la fundadora de falsas esperanzas
que sólo hierven
en tu mente condenada.