dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Era una noche de invierno fría y lluviosa.
El frío viento del norte helaba los cuerpos.
En el bulevar tan solo algunos noctámbulos
apuraban la noche hasta el último trago.
Una gran claridad invadió el recinto
cuando apareció ella con su andar de cisne
y fue como si el sol bajase a la tierra
a iluminar a aquellos borrachos solitarios.
Se quitó las gafas,colgó el abrigo
en la destartalada percha de madera
y calentó en la estufa sus miembros ateridos.
Aquella noche todo me conducía al abismo.
Después de su llegada todo fue claridad
y dormí plácidamente,con la certeza
de que aún existía la perfección en la tierra.
Eladio Parreño Elías
18-Febrero-1991
El frío viento del norte helaba los cuerpos.
En el bulevar tan solo algunos noctámbulos
apuraban la noche hasta el último trago.
Una gran claridad invadió el recinto
cuando apareció ella con su andar de cisne
y fue como si el sol bajase a la tierra
a iluminar a aquellos borrachos solitarios.
Se quitó las gafas,colgó el abrigo
en la destartalada percha de madera
y calentó en la estufa sus miembros ateridos.
Aquella noche todo me conducía al abismo.
Después de su llegada todo fue claridad
y dormí plácidamente,con la certeza
de que aún existía la perfección en la tierra.
Eladio Parreño Elías
18-Febrero-1991
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