Pasajero de barro
Poeta recién llegado
“El amor verdadero, es el amor de la infancia”
Yo la amé
esa niña era un destello
y un pincel
una rebanada de pastel
un punto tímido
la última estrella de la noche
Yo la amé
y su indiferencia me llevó a imaginar
la voz del viento sobre las olas del mar
a mí que soy tan solo un río.
Y se fue
o yo me fui
lo cierto es que no lo sé
crecí a destiempo de mis sueños
me destapé
y el frio me congeló el alma
la poesía se hizo un arma
y rodé por la empinada
con los hombres de negocios
los camareros y los locos
poco a poco fui olvidando mi ayer
Pero otra vez
viene a mí ese pequeño que habité
me trae un dulce y un juguete
un libro viejo
un barrilete
y te veo allí sonriendo
con los ojos entreabiertos
espiando mientras cuentas contra la pared
Yo la amé
y eras vos en otro tiempo
y era la misma sensación de estar durmiendo
era el mismo corazón a punto de dejar el pecho
las rodillas temblequeantes
las ganas de abordar tu boca
y el esperarte impaciente
y el capricho de imaginar tu desnudez
y de tocarte como a un ángel
Nota: Creo que el verdadero amor es el amor que vivimos en la infancia. Con el tiempo cambian los personajes, el objeto del amor va cambiando de cuerpo y de nombre. Y nosotros, el ser deseante, también cambiamos. Dejamos de ser aquel niño que amó con pureza y entrega. Empezamos a ser en las palabras más de lo que podemos ser en los hechos. Y de repente alguien llega, alguien con la pureza de aquel primer amor. Volvemos a sentirlo llegar, de entre las sombras, como una melodía familiar, el aroma del patio de la antigua casa que ya no habitamos, que está en otro barrio, que la han demolido para construir una tienda de electródomésticos.
El amor regresa, retomamos el amor. Nos damos cuenta que no volveremos a ser niños, pero podemos volver a amar como tales. La libertad está allí, oculta en los restos de la infancia, cuando solo era jugar, dormir y volver a jugar.
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