Soy tan esclavo de esta cruel sotana y
tú, mi Sierva María, estás tan sierva...
Las blasfemias ruines de esta caterva,
tan cautiva de amor, que todo sana.
Se creen cándidos cualquier pastrana
mientras va floreciendo mi Minerva.
No me importa si el cielo se exacerba...
Tu silueta crinada es mi ventana
que da hacia el vademécum de tus ojos.
Si tengo que exiliarme en el infierno
por sucumbir entre tus besos rojos.
Vuelve ya, mi dolor se volvió eterno,
siento tu piel en todos los hinojos.
Hoy sólo llueve... ¡Ay, perpetuo invierno!