Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Airun, la condena de tus ojos.
Airun, en noches cuando la luna es más brillante
mucho más ardiente es mi pensar en tus ojos.
Como su luz, gozar la claridad de tu piel
cuajada por el negro de tu pelo.
¡Ay mujer! Yo anhelo la luz de esos ojos
y el requiebro de río de tu risa,
como un agua clara y dulce que cae en cascadas
sobre los pedregones de mi vida.
Uno admira, con deleite, la curvatura de tus cejas
y como pétalos de primavera cada pestaña,
despanpanantes rayos que de ellos se proyectan.
Quizás es lo mejor esta lejanía, uno diría,
ya que el juez me condena de por vida
por la muerte del cartero que nunca tus cartas traía.
Del Libro de Airun.
Airun, en noches cuando la luna es más brillante
mucho más ardiente es mi pensar en tus ojos.
Como su luz, gozar la claridad de tu piel
cuajada por el negro de tu pelo.
¡Ay mujer! Yo anhelo la luz de esos ojos
y el requiebro de río de tu risa,
como un agua clara y dulce que cae en cascadas
sobre los pedregones de mi vida.
Uno admira, con deleite, la curvatura de tus cejas
y como pétalos de primavera cada pestaña,
despanpanantes rayos que de ellos se proyectan.
Quizás es lo mejor esta lejanía, uno diría,
ya que el juez me condena de por vida
por la muerte del cartero que nunca tus cartas traía.
Del Libro de Airun.