Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Salvajes caballos son los dedos de tus pies,
que cabalgan de un lado a otro desconcertados,
Mirada Empapada de parálisis y algodón
convertida en cartel pajizo y oxidado
Las aguas de lo ilegible destiñeron las letras escritas sobre lo inesperado,
Que paso ! la habitación se volvió el garabato de un naufragio,
Pero sin costa ni horizonte
Un campo de batalla donde tus prendas abatidas, no encuentran sepultura,
Tu sombra tomo de rehén tu figura pesada,
Y te obliga a maldecir en cada rincón tu desdicha heredada,
Tu respiración es una moto sierra que corta aire sin piedad,
Una braza hartera es el minuto por llegar que deberás pisar
Lentamente sin poder sortear ni ignorar,
Gira la habitación en el frágil trompo del silencio,
Mas frio que la torre Eiffel, más inclinado que la de Pisa,
Soy el monolito de mi habitación, único e inigualable,
Entre estas cuatros paredes soy La torre solitaria,
El olvidado
que cabalgan de un lado a otro desconcertados,
Mirada Empapada de parálisis y algodón
convertida en cartel pajizo y oxidado
Las aguas de lo ilegible destiñeron las letras escritas sobre lo inesperado,
Que paso ! la habitación se volvió el garabato de un naufragio,
Pero sin costa ni horizonte
Un campo de batalla donde tus prendas abatidas, no encuentran sepultura,
Tu sombra tomo de rehén tu figura pesada,
Y te obliga a maldecir en cada rincón tu desdicha heredada,
Tu respiración es una moto sierra que corta aire sin piedad,
Una braza hartera es el minuto por llegar que deberás pisar
Lentamente sin poder sortear ni ignorar,
Gira la habitación en el frágil trompo del silencio,
Mas frio que la torre Eiffel, más inclinado que la de Pisa,
Soy el monolito de mi habitación, único e inigualable,
Entre estas cuatros paredes soy La torre solitaria,
El olvidado
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