Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Allí, donde se trunca la espera y se filtra el olvido.
Adyacente pero detrás del rectángulo, invisible,
allí, donde se desnudan y se atenúan las palabras,
donde la guadaña hace de la mirada espiga abatida,
soy tallo de trigo,
ahuecado y erguido, pero no seré pan,
cuando mi ciclo llegue a su última parada.
Allí donde tu cáliz descansa y se derrama tu cabello,
queda el fénix de tu hoguera, que no resurgirá
de mis cenizas.
Entre estos sépalos melifluos,
que no supieron sostenerte,
débiles de tanto sustentar pesados días,
dejaré la estela de metal frío, romperé la represa de células
y dejare escapar el torrente de vino.
Sin tu boca,
me lleva el mareo de las ruedas viajeras,
sobre caminos inciertos sin testigos,
migrando mi aura en alas ciegas,
hacia un lugar yermo y sombrío.
Pues no tendré dos primaveras sin que
llegue el invierno contigo,
mas tus manos
se llenaran de flores,
que marchitaran mi último suspiro…
Adyacente pero detrás del rectángulo, invisible,
allí, donde se desnudan y se atenúan las palabras,
donde la guadaña hace de la mirada espiga abatida,
soy tallo de trigo,
ahuecado y erguido, pero no seré pan,
cuando mi ciclo llegue a su última parada.
Allí donde tu cáliz descansa y se derrama tu cabello,
queda el fénix de tu hoguera, que no resurgirá
de mis cenizas.
Entre estos sépalos melifluos,
que no supieron sostenerte,
débiles de tanto sustentar pesados días,
dejaré la estela de metal frío, romperé la represa de células
y dejare escapar el torrente de vino.
Sin tu boca,
me lleva el mareo de las ruedas viajeras,
sobre caminos inciertos sin testigos,
migrando mi aura en alas ciegas,
hacia un lugar yermo y sombrío.
Pues no tendré dos primaveras sin que
llegue el invierno contigo,
mas tus manos
se llenaran de flores,
que marchitaran mi último suspiro…
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