Sherezade


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¿Quién eres y por qué me llamas?

Anoche apagué la luz inmisericorde
e imaginé que otros labios me besaban.
Le cambié la voz al deseo que carcome
el alma en espera eterna y sin horizonte
y disfracé el amor, de pasión desbordada.

¿Por qué te escondes? Acaso, ¿me temes?
Si la condena es vagar como fantasmas
y encontrarnos en la linde del destino,
arrío yo este latido que me enloquece
para dejar tan sólo que un instante sueñes
que este cuerpo sediento, te pertenece.

¿Quieres que arda en el gélido infierno
con mi pecho desangrándose en quimeras?
La libertad se me escapa entre los dedos
y deja, en el embozo del anhelo, las cadenas
que me anclan a esta efímera promesa
de abrazarnos olvidándonos del tiempo.

No sé lo que sientes ni sé lo que pretendo
queriendo desmedida, lo que no tuve ni tengo…
Laberíntica, la vida es un despiadado juego
donde se desgrana mi corazón sin esperanza.
Sherezade, contándole a la luna sus desvelos
que sultana, sentencia al acero de su guadaña.




Momentos de recuerdos agradables,
donde Sherezade se desahoga con la luna,
y sus palabras llenas de ternura y que nadie las empañe,
siente que su corazón vibra y a la vez se cura...
Un placer haber pasado, un beso.
 
Miguel Echeverría;4014450 dijo:
Extraordinario Eva, excelente entrega has brindado, está completo en todo lo que me gusta de un gran poema, felicidades y mis estrellas, hasta pronto.

Muchas gracias Miguel
Un abrazo amigo
 
"Sherezade" Hermosa e inteligente mujer, también cuentacuentos, jejeje, que aparentemente le salvaron la vida...
Amiga mía que derroche de léxico en tan generosa entrega nos haces. Un placer leer tal sentencia en boca de misma luna...
Te dejo estrellas y mi admiración ya tienes querida Eva...
Un abrazo de paz para ti.
Vidal

Un abrazo para ti también querido Vidal
Siempre animas mucho con tus comentarios amigo, gracias!
 
Un gran poema Eva, muy bueno, pero muy bueno de verdad. Al que no he podido dejar reputación porque una máquina sin sensibilidad no comprende que se me ha puesto la carne de gallina al leer tus versos.

Todas las estrellas, un beso, y voy a leer de nuevo tu poema... es que me ha gustado mucho

Muchas gracias Rafael
Un abrazo amigo
 

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¿Quién eres y por qué me llamas?

Anoche apagué la luz inmisericorde
e imaginé que otros labios me besaban.
Le cambié la voz al deseo que carcome
el alma en espera eterna y sin horizonte
y disfracé el amor, de pasión desbordada.

¿Por qué te escondes? Acaso, ¿me temes?
Si la condena es vagar como fantasmas
y encontrarnos en la linde del destino,
arrío yo este latido que me enloquece
para dejar tan sólo que un instante sueñes
que este cuerpo sediento, te pertenece.

¿Quieres que arda en el gélido infierno
con mi pecho desangrándose en quimeras?
La libertad se me escapa entre los dedos
y deja, en el embozo del anhelo, las cadenas
que me anclan a esta efímera promesa
de abrazarnos olvidándonos del tiempo.

No sé lo que sientes ni sé lo que pretendo
queriendo desmedida, lo que no tuve ni tengo…
Laberíntica, la vida es un despiadado juego
donde se desgrana mi corazón sin esperanza.
Sherezade, contándole a la luna sus desvelos
que sultana, sentencia al acero de su guadaña.

Haz formado un camino resbaladizo como tobogán descendí hasta el ultimo punto de tu escrito, me sostuvieron tus lineas, seguro me senti hasta lo ultimo, magnifico!
 
La vida es un juego despiadado, sí, tiene guasa la ironía. Nos queda el consuelo de saber que "estemos donde estemos, siempre seremos la persona indicada en el momento y en el lugar adecuados". La pregunta es, ¿sabemos lo que tenemos que hacer?"
Expléndido poema, bellísimas letras.
Besos y abrazos con todas mis estrellas wapa poetisa.

Gran pregunta amigo... en el fondo creo que siempre lo sabemos, pero nos despistan los latidos

Un beso J.M.
 
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¿Quién eres y por qué me llamas?

Anoche apagué la luz inmisericorde
e imaginé que otros labios me besaban.
Le cambié la voz al deseo que carcome
el alma en espera eterna y sin horizonte
y disfracé el amor, de pasión desbordada.

¿Por qué te escondes? Acaso, ¿me temes?
Si la condena es vagar como fantasmas
y encontrarnos en la linde del destino,
arrío yo este latido que me enloquece
para dejar tan sólo que un instante sueñes
que este cuerpo sediento, te pertenece.

¿Quieres que arda en el gélido infierno
con mi pecho desangrándose en quimeras?
La libertad se me escapa entre los dedos
y deja, en el embozo del anhelo, las cadenas
que me anclan a esta efímera promesa
de abrazarnos olvidándonos del tiempo.
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Bello juego
 

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