Detalle femenino

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Lo primero que hacía al despertar era sentarse al lado de la cama. Abría el cajón del buró y sacaba un revolver negro y brilloso: una Pyton .357 magnun, cañón de siete pulgadas. Se metía el cañón en la boca apuntando a la bóveda del paladar y tiraba del gatillo seis veces. Era el ritual de hombre solitario. Le gustaba pensar que cada mañana ponía fin a la interminable sucesión de situaciones despreciables que vivía aprehendiendo delincuentes juveniles y personas en pobreza extrema. Todo cambió el día en que una hermosa mujer policía accedió a echarse unos tequilas con él un fin de semana y terminaron en su cama. Se despertó cuando ella ya se había marchado sin hacer ruidos. Abrió el cajón, tomó la pistola y esta vez solo pudo jalar una vez el gatillo. No sé si alcanzó a escuchar la detonación. Tras las indagaciones, la mujer dijo que le pareció extraño que el arma estuviera desabastecida y la cargó sin avisarle.
 
Última edición:
exelente micro, de esos que se disfrutan por la buena trama...Aunque, si soy sincera, la última linea, me descuadra un poco.
quiza lo hubieras dejado abierto, sin acotar de las investigaciones. o quizá, solo una frase de ella.( solo pienso en letras, jeje)

un abrazo
 
exelente micro, de esos que se disfrutan por la buena trama...Aunque, si soy sincera, la última linea, me descuadra un poco.
quiza lo hubieras dejado abierto, sin acotar de las investigaciones. o quizá, solo una frase de ella.( solo pienso en letras, jeje)

un abrazo
Tienes toda la razón. Fino retoque femenino: que el lector llegue a sus propias conclusiones. Para la próxima lo pensamos mejor. Saludos
 
Lo primero que hacía al despertar era sentarse al lado de la cama. Abría el cajón del buró y sacaba un revolver negro y brilloso: una Pyton .357 magnun, cañón de siete pulgadas. Se metía el cañón en la boca apuntando a la bóveda del paladar y tiraba del gatillo seis veces. Era el ritual de hombre solitario. Le gustaba pensar que cada mañana ponía fin a la interminable sucesión de situaciones despreciables que vivía aprehendiendo delincuentes juveniles y personas en pobreza extrema. Todo cambió el día en que una hermosa mujer policía accedió a echarse unos tequilas con él un fin de semana y terminaron en su cama. Se despertó cuando ella ya se había marchado sin hacer ruidos. Abrió el cajón, tomó la pistola y esta vez solo pudo jalar una vez el gatillo. No sé si alcanzó a escuchar la detonación. Tras las indagaciones, la mujer dijo que le pareció extraño que el arma estuviera desabastecida y la cargó sin avisarle.

Las armas las carga el diablo...o una mujer policía.
No está mal, Melquíades, me gustó, aunque el funesto final es algo predecible.
Un saludo. (Estrellas)
Xosé.
 
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Las armas las carga el diablo...o una mujer policía.
No está mal, Melquíades, me gustó, aunque el funesto final es algo predecible.
Un saludo. (Estrellas)
Xosé.

Hola Xosé, saludos afectuosos.
Jajaja, pues sí, un día tenía que pasar. ¿ensayo? ¿proyección? ¿ indecisión? Por fortuna siempre hay quién facilite las cosas. Abrazos amigo.
 

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