Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me gustaría mostrarte el renacer de la Primavera.
Los delicados jazmines trepando juguetones
por los entramados de las ventanas
colmando de fragancias amadas noches silentes.
Quisiera contarte que el Verano nos sorprendió
venciendo olas en ígneos atardeceres
paladeando la sal de mi piel en tu boca,
hipnotizados crepúsculos tras la estela del ocaso.
Nos dormiríamos viendo el caer de las hojas
en su danza de ocres tiñendo de rojo nuestras pupilas
extasiadas, saciadas
sin encontrar la frontera entre tus manos y mis deseos.
Como en aquellas perezosas tardes
cuando trémulas caricias enlazaban confidencias.
Quizás albergaba demasiada dicha,
tus besos me cobijaban y consolaban...
presentía tal vez.
Eras mi sustento
la vida recreada en mis ojos,
tus bellos labios.
Paradójico devenir de las estaciones
cuando tras éstos cristales me responde el sordo Invierno.
Eternas nieves encanecen de ausencia mis amaneceres.
Arrugas de escarcha surcan mi córnea
desde que te llamo y no respondes.
Y solo los cipreses acompañan al viento
que me susurra dulcemente tu nombre.
Los delicados jazmines trepando juguetones
por los entramados de las ventanas
colmando de fragancias amadas noches silentes.
Quisiera contarte que el Verano nos sorprendió
venciendo olas en ígneos atardeceres
paladeando la sal de mi piel en tu boca,
hipnotizados crepúsculos tras la estela del ocaso.
Nos dormiríamos viendo el caer de las hojas
en su danza de ocres tiñendo de rojo nuestras pupilas
extasiadas, saciadas
sin encontrar la frontera entre tus manos y mis deseos.
Como en aquellas perezosas tardes
cuando trémulas caricias enlazaban confidencias.
Quizás albergaba demasiada dicha,
tus besos me cobijaban y consolaban...
presentía tal vez.
Eras mi sustento
la vida recreada en mis ojos,
tus bellos labios.
Paradójico devenir de las estaciones
cuando tras éstos cristales me responde el sordo Invierno.
Eternas nieves encanecen de ausencia mis amaneceres.
Arrugas de escarcha surcan mi córnea
desde que te llamo y no respondes.
Y solo los cipreses acompañan al viento
que me susurra dulcemente tu nombre.
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