Arturo Parnaso
Poeta recién llegado
El abanico de tu boca
el manotazo de tus ojos
todo lo admiro.
El coche muere fueye
muere semidormido
se precipitan los coágulos
se cuajan en el griterío
Ese espamento
a mi no me importa
Prefiero los ayeres
el resabio tibio del escondido
son mías
las tercas astucias del solitario
fatídico
el chillido ronco del silencio
aunque me inflen los remos
no asomaré al porvenir
veneno ennegrecido
derramaran las verandas
las callejuelas de la periferia
se oxidarán huérfanas
Ya no enferma el hombre/ porque la lluvia no moja
Ya no lame el viento/ porque la boca no besa
Espero que a alguien le guste.
el manotazo de tus ojos
todo lo admiro.
El coche muere fueye
muere semidormido
se precipitan los coágulos
se cuajan en el griterío
Ese espamento
a mi no me importa
Prefiero los ayeres
el resabio tibio del escondido
son mías
las tercas astucias del solitario
fatídico
el chillido ronco del silencio
aunque me inflen los remos
no asomaré al porvenir
veneno ennegrecido
derramaran las verandas
las callejuelas de la periferia
se oxidarán huérfanas
Ya no enferma el hombre/ porque la lluvia no moja
Ya no lame el viento/ porque la boca no besa
Espero que a alguien le guste.