Raúl Rouco
Poeta que considera el portal su segunda casa
En medio de un ausente silencio
en las horas que pasaban solitarias
una tarde cualquiera de invierno,
tu voz penetró por las rendijas de mi alma
y, casi sin saberlo, volví a escucharte de nuevo,
tus palabras, casi ausentes, casi calladas,
me dejaron tu voz apagada, de recuerdo.
Si el sol que te ilumina se ha oscurecido,
no dejes mi alma encerrada en sensaciones
ni permitas que mi corazón se quede herido,
piensa que siguen vivos nuestros corazones;
no me digas que sufres, lo tengo asumido,
ni me digas que se te acabó la alegría,
no quiero que llenes este momento
sin sonrisas ni miradas que se metan en las mías,
solo dime que soñaste, que fue un mal sueño,
que tu corazón sigue alegre y tu alma no me olvida.
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