Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dormitan las manos
que, entrelazadas,
reposan en el regazo.
Y se abren, como crátera,
al cielo de techo raso.
Están cansadas,
fatiga del trajinar diario,
que las arruga y enrojece
transformándolas en armario
de recuerdos, de trabajos,
caricias y amor palmario.
Abarcan mundos,
se pueblan de tesoros,
se derraman en los gestos
valiosos como el oro.
Abiertos al cariño
que se entrega siendo un todo.
En tus manos he querido,
dejar mi corazón en prenda.
Así, sin despertarte, suavemente,
que tu alma lo entienda,
escribirán mis labios en ellas
el mejor de mis poemas.
que, entrelazadas,
reposan en el regazo.
Y se abren, como crátera,
al cielo de techo raso.
Están cansadas,
fatiga del trajinar diario,
que las arruga y enrojece
transformándolas en armario
de recuerdos, de trabajos,
caricias y amor palmario.
Abarcan mundos,
se pueblan de tesoros,
se derraman en los gestos
valiosos como el oro.
Abiertos al cariño
que se entrega siendo un todo.
En tus manos he querido,
dejar mi corazón en prenda.
Así, sin despertarte, suavemente,
que tu alma lo entienda,
escribirán mis labios en ellas
el mejor de mis poemas.