Marco Antonio Morales O.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Linda, bella
para mí.
Y ante tu mirada,
ante el tono de tu voz
he decidido luchar de nuevo
(a mi manera)
para conquistarte,
para que me conquistes,
para que descubras
si quieres luchar
a encaminarte,
a encaminarme
al mundo del amor verdadero
de realidad, fantasía y sueño.
Realidad como la piedra,
el lodo, la belleza,
la enfermedad, la tristeza
y el veneno que tiran
algunas gentes
con sus palabras,
con sus miradas,
con sus actuares.
Fantasía y paz,
tranquilidad,
la luz y la energía
creadora sin límites.
Y sueño como la salud,
la intimidad
y la confianza llena
de caricias y palabras
cristalinas y puras.
Si me lo permites te diré
hasta donde acepto
tus condiciones
y a su tiempo
si me lo permites
me irás brindando la oportunidad
de exponerte mis condiciones
y dará resultado
pues buena parte del destino
se fabricará con nuestras manos,
caricias y quehaceres diarios.
Mientras tanto he decidido
aceptar la necesaria
lucha macabra
que tu temperamento me impone
de verme y ausentarte,
de reír y de enojar,
de fabricar castillos
y verlos el mismo día
desplomarse.
Más, me la juego
confiando en la experiencia
e inteligencia
que brindan nuestros ojos
y nuestras voces.
para mí.
Y ante tu mirada,
ante el tono de tu voz
he decidido luchar de nuevo
(a mi manera)
para conquistarte,
para que me conquistes,
para que descubras
si quieres luchar
a encaminarte,
a encaminarme
al mundo del amor verdadero
de realidad, fantasía y sueño.
Realidad como la piedra,
el lodo, la belleza,
la enfermedad, la tristeza
y el veneno que tiran
algunas gentes
con sus palabras,
con sus miradas,
con sus actuares.
Fantasía y paz,
tranquilidad,
la luz y la energía
creadora sin límites.
Y sueño como la salud,
la intimidad
y la confianza llena
de caricias y palabras
cristalinas y puras.
Si me lo permites te diré
hasta donde acepto
tus condiciones
y a su tiempo
si me lo permites
me irás brindando la oportunidad
de exponerte mis condiciones
y dará resultado
pues buena parte del destino
se fabricará con nuestras manos,
caricias y quehaceres diarios.
Mientras tanto he decidido
aceptar la necesaria
lucha macabra
que tu temperamento me impone
de verme y ausentarte,
de reír y de enojar,
de fabricar castillos
y verlos el mismo día
desplomarse.
Más, me la juego
confiando en la experiencia
e inteligencia
que brindan nuestros ojos
y nuestras voces.