pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Ahora que no sé qué ocurre, qué tormento se está oponiendo a que puedas dejarme un simple beso de buenas noches, tan lejano como una canción que para ti escucho, mientras las horas se van descolgando por mi cuerpo, ateridas de tu ausencia, despertadas en casi una madrugada ensoñadora, yo te prometo tantos imposibles.
Hasta que el bravo bofetón de la mañana me despierta de golpe y sin ti, sin tu mensaje ni tu sonrisa, la misma que yo finjo para vivir y caminar entre las sombras que me hablan y me tiran del brazo, yo te lo presto para nadar hasta la orilla, como mis muslos, mis codos, mis rodillas, yo te regalo las pértigas de mis clavículas para que atravieses todas las zanjas que asoman como ciénagas oscuras susurrándote abismos donde olvidarte no es el peor de los desastres.
Te regalo mi voz y mis cuerdas vocales para que dirijas tu oda a un cielo que te mira y en el que se refleja la maravilla de tu sonrisa y tu cara imaginada.
Te regalo mi tiempo, para que seas parte de mi vida, una estrofa que yo atiendo y continúo cada día, que yo escribo, reescribo, leo, aprendo y beso, sin tachar de sus palabras ni la primera sílaba.
Te regalo mis ojos, para que veas los continentes y los seres vivos, tus amados caballos, las aves que te eleven, para que no sean ya más tus lágrimas las que laven con rabia tus mejillas; yo te presto, yo te regalo, yo te obligo a enjugar el lagrimal con las mías.
Te regalo el sonido de mi sangre al correr por donde debe, y transfundirla a tus canales por los que, estrechos, pueda recorrerte, guía de la vida que te llenaría con un corte noble.
Te regalo el mapa de las profundidades de mi cerebro, mi intelecto confundido y los valles y rocosas cumbres de mi inspiración, los techos áridos y grisáceos de mi melancolía, y el aparato eléctrico de las tormentas iracundas que descienden y anegan las serranías de mi razón.
Te regalo mis músculos, mis conexiones nerviosas, para que apagues el día y enciendas la ubérrima noche en el paraíso distante.
Te regalo las líneas asurcadas de mis manos, las estepas gloriosas donde el sol calla, las hendiduras atrapadas en la estentórea faz al mundo de mis palmas.
Te regalo el corazón, el motor, los pulmones, la brisa ornada de candiles al viento, semiapagados en la amplia ventisca que enmudece su oreo; el cimbrear de la llama en mis iris, la oscuridad infinita de mis pupilas, el blanco casquete polar de la esclerótica cortado por las lenguas de fuego de mis volcanes, las uñas con que arañar el mudo asombro de un Dios que pueda verte, incluso soñar con tocarte.
Te regalo mi cárcel, mi perentorio espasmo de esperarte, mi soliviantada fe y mi saludo abstraído a un confundido ángel que pasa y me traspasa, mirándome sin mirarme, soslayándome, leyéndome, abajando su trompeta con un vahído y un "no puedo ayudarte".
Hasta que el bravo bofetón de la mañana me despierta de golpe y sin ti, sin tu mensaje ni tu sonrisa, la misma que yo finjo para vivir y caminar entre las sombras que me hablan y me tiran del brazo, yo te lo presto para nadar hasta la orilla, como mis muslos, mis codos, mis rodillas, yo te regalo las pértigas de mis clavículas para que atravieses todas las zanjas que asoman como ciénagas oscuras susurrándote abismos donde olvidarte no es el peor de los desastres.
Te regalo mi voz y mis cuerdas vocales para que dirijas tu oda a un cielo que te mira y en el que se refleja la maravilla de tu sonrisa y tu cara imaginada.
Te regalo mi tiempo, para que seas parte de mi vida, una estrofa que yo atiendo y continúo cada día, que yo escribo, reescribo, leo, aprendo y beso, sin tachar de sus palabras ni la primera sílaba.
Te regalo mis ojos, para que veas los continentes y los seres vivos, tus amados caballos, las aves que te eleven, para que no sean ya más tus lágrimas las que laven con rabia tus mejillas; yo te presto, yo te regalo, yo te obligo a enjugar el lagrimal con las mías.
Te regalo el sonido de mi sangre al correr por donde debe, y transfundirla a tus canales por los que, estrechos, pueda recorrerte, guía de la vida que te llenaría con un corte noble.
Te regalo el mapa de las profundidades de mi cerebro, mi intelecto confundido y los valles y rocosas cumbres de mi inspiración, los techos áridos y grisáceos de mi melancolía, y el aparato eléctrico de las tormentas iracundas que descienden y anegan las serranías de mi razón.
Te regalo mis músculos, mis conexiones nerviosas, para que apagues el día y enciendas la ubérrima noche en el paraíso distante.
Te regalo las líneas asurcadas de mis manos, las estepas gloriosas donde el sol calla, las hendiduras atrapadas en la estentórea faz al mundo de mis palmas.
Te regalo el corazón, el motor, los pulmones, la brisa ornada de candiles al viento, semiapagados en la amplia ventisca que enmudece su oreo; el cimbrear de la llama en mis iris, la oscuridad infinita de mis pupilas, el blanco casquete polar de la esclerótica cortado por las lenguas de fuego de mis volcanes, las uñas con que arañar el mudo asombro de un Dios que pueda verte, incluso soñar con tocarte.
Te regalo mi cárcel, mi perentorio espasmo de esperarte, mi soliviantada fe y mi saludo abstraído a un confundido ángel que pasa y me traspasa, mirándome sin mirarme, soslayándome, leyéndome, abajando su trompeta con un vahído y un "no puedo ayudarte".
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