Silencios Devanados

Jairo Castillo Romerin

Poeta adicto al portal
SILENCIOS DEVANADOS

i.

Caigo desde los precipicios del mediodía.
En el aire un hartazgo de calor absorbe marejadas;
llanto, algo de algarabías de pájaro, ramajes suspendidos
cayendo y en el estropicio labran un albur de olores,
desarmando broqueles, destejiendo plomerías.
Caigo y desde las horas saltan giros, bataholas,
ante el temor los gestos brillan
y en los tintineos de campanarios tiemblan maquinarias
y de vuelta, en el hartazgo, en arenales movedizos,
la ilusión nuevamente se asfixia.
Tarda la caída y con ella un llanto se avecina,
un irrompible lamento, como ofrenda,
despedidas en las jarcias de un encanto medioevo.
 
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SILENCIOS DEVANADOS

i.

Caigo desde los precipicios del mediodía.
En el aire un hartazgo de calor absorbe marejadas;
llanto, algo de algarabías de pájaro, ramajes suspendidos
cayendo y en el estropicio labran un albur de olores,
desarmando broqueles, destejiendo plomerías.
Caigo y desde las horas saltan giros, bataholas,
ante el temor los gestos brillan
y en los tintineos de campanarios tiemblan maquinarias
y de vuelta, en el hartazgo, en arenales movedizos,
la ilusión nuevamente se asfixia.
Tarda la caída y con ella un llanto se avecina,
un irrompible lamento, como ofrenda,
despedidas en las jarcias de un encanto medioevo.


sublime final, casí palpable, grato como siempre, leerle
 
Aquí el origen de ese torrente que invade, pesares impregnados de silencio que atraviesa campos resecos, justo ahí, en lo más profundo, en lo más íntimo.

Felicidades Jairo!

Estrellas a raudales

Palmira
 
SILENCIOS DEVANADOS

i.

Caigo desde los precipicios del mediodía.
En el aire un hartazgo de calor absorbe marejadas;
llanto, algo de algarabías de pájaro, ramajes suspendidos
cayendo y en el estropicio labran un albur de olores,
desarmando broqueles, destejiendo plomerías.
Caigo y desde las horas saltan giros, bataholas,
ante el temor los gestos brillan
y en los tintineos de campanarios tiemblan maquinarias
y de vuelta, en el hartazgo, en arenales movedizos,
la ilusión nuevamente se asfixia.
Tarda la caída y con ella un llanto se avecina,
un irrompible lamento, como ofrenda,
despedidas en las jarcias de un encanto medioevo.
Dulzura maravillosa que brota entre musgos de una raiz pensada
para llegar a la ofrenda de un lamento unico que se anuda a la
historia de los pasados. felicidades. lzyabsenta
 

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