Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si la vida se detuviera un poco y acallara
el bullicio de la gente empeñada en subsistir
en estado de indolencia.
Si se congelaran todos los motores
y el silencio me dejara sólo con tu recuerdo,
asumiría por fin, que me dejaste
con nuestros ruidos de vivir como consuelo
y evasiva, y no me preocuparía tanto
(ruidos que ni ‘registraste’, lo sé).
Es que no tengo otra cosa…
No guarezco tu recuerdo original, sino éste,
de emergencia, que a veces se pierde
porque también me pierdo
entre el clamor de la premura ajena.
Si me quedara sordo al menos, para cavilar
más profundamente sobre el destino artero
que armó y desarmó tu amor por mí.
Pero este ruido que te esconde y te muestra,
no me deja recapacitar.
Necesito inventarnos mundos afines;
porque de eso nos vanagloriábamos:
Imaginarte como yo, indecisa entre las góndolas
del mercado, procurando abastecer la soledad
que preferiste a tenernos, y a la vez, preguntarme
cuándo me libraré de la maya de tu recuerdo
y volveré a vivir feliz de nada.
Sin embargo,
si te viese volver por esa esquina,
no por desquite ni rencor, sino más bien,
celoso de mi corazón (relicario que te guarda)
y convencido que voy rumbo a ser de nuevo yo,
no podría resistirme al placentero desgarro
de decirte adiós para siempre y morirme de viejo
rehaciendo tu ser.
No sé, impidiendo de algún modo
qué tu gran sentimiento dedicado,
por más que ya no lo es, termine en la nebulosa
de mi incertidumbre; rescatándolo mío
de entre el diario fragor de mis ruidos de vivir.
.
el bullicio de la gente empeñada en subsistir
en estado de indolencia.
Si se congelaran todos los motores
y el silencio me dejara sólo con tu recuerdo,
asumiría por fin, que me dejaste
con nuestros ruidos de vivir como consuelo
y evasiva, y no me preocuparía tanto
(ruidos que ni ‘registraste’, lo sé).
Es que no tengo otra cosa…
No guarezco tu recuerdo original, sino éste,
de emergencia, que a veces se pierde
porque también me pierdo
entre el clamor de la premura ajena.
Si me quedara sordo al menos, para cavilar
más profundamente sobre el destino artero
que armó y desarmó tu amor por mí.
Pero este ruido que te esconde y te muestra,
no me deja recapacitar.
Necesito inventarnos mundos afines;
porque de eso nos vanagloriábamos:
Imaginarte como yo, indecisa entre las góndolas
del mercado, procurando abastecer la soledad
que preferiste a tenernos, y a la vez, preguntarme
cuándo me libraré de la maya de tu recuerdo
y volveré a vivir feliz de nada.
Sin embargo,
si te viese volver por esa esquina,
no por desquite ni rencor, sino más bien,
celoso de mi corazón (relicario que te guarda)
y convencido que voy rumbo a ser de nuevo yo,
no podría resistirme al placentero desgarro
de decirte adiós para siempre y morirme de viejo
rehaciendo tu ser.
No sé, impidiendo de algún modo
qué tu gran sentimiento dedicado,
por más que ya no lo es, termine en la nebulosa
de mi incertidumbre; rescatándolo mío
de entre el diario fragor de mis ruidos de vivir.
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