Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Quintillas encadenadas circulares, ocurrencia de Francisco Redondo Benito.
Quien espera de este mundo
la gloria, fama o dinero
no le vale ser segundo,
que su anhelo más profundo
es llegar siempre primero.
No entiendo yo el desespero
de arrimarse la sardina
al ascua que el frío acero
privola, buen caballero,
del calor de la cocina.
Ni comprendo la doctrina
de la verdad absoluta,
ni la fe que se amotina,
ni el rezo que entra en sordina
de quien lleva la batuta.
No comparto la disputa,
a no ser que sea de bocas
y el arma del buen recluta
la saliva que refuta
lo insensible de las rocas.
Tachen mis voces de locas,
mi carácter de iracundo
y el discurrir que provocas,
vida y muerte que me tocas,
táchenlo de vagabundo.
Quien espera de este mundo
la gloria, fama o dinero
no le vale ser segundo,
que su anhelo más profundo
es llegar siempre primero.
No entiendo yo el desespero
de arrimarse la sardina
al ascua que el frío acero
privola, buen caballero,
del calor de la cocina.
Ni comprendo la doctrina
de la verdad absoluta,
ni la fe que se amotina,
ni el rezo que entra en sordina
de quien lleva la batuta.
No comparto la disputa,
a no ser que sea de bocas
y el arma del buen recluta
la saliva que refuta
lo insensible de las rocas.
Tachen mis voces de locas,
mi carácter de iracundo
y el discurrir que provocas,
vida y muerte que me tocas,
táchenlo de vagabundo.
