La Puerta

Juan Oriental

Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Para qué habré cruzado la puerta?...
¡Ahora soy invulnerable a todo!
A la más cruenta de las pestes.
Ahora tomé conciencia de lo vano,
de lo utópico y lo real
atesorado por la mente humana:
el amor, la amistad, la fortuna...
Maduré y me podrí de golpe.
Pobre mi resto de juventud.
Ahora soy un sabio repugnado y repulso
que ve todo sin interés,
que detesta la tonta confluencia
de las cosas gratas que toda la vida aspiró
(y algunas consiguió pero perdió
por cruzar la puerta).
Ahora no importa nada.
Adiós emoción, curiosidad, fervor.
Adiós pasión febril, locura, orgullo.
Amor propio, adiós.
Crucé la puerta y la puerta se cerró tras de mí.
Sin embargo, cuánta paz en esta dimensión.
¡La mayor!
Pero… ¿cómo diablos se filtró tu recuerdo?



 
Última edición:
Me arranco una sonrisa... y risa, también. Que fea es la paz, jeje. Brillantes letras, Juan Oriental. Excelente cierre.
 
Y sí, hay que ser malo porque ser bueno es aburrido Je.
Saludos y muchas gracias, Sarad.

El uno aburrido, sí, pero el otro nefasto, claro. Sueltos carecen de valor, de sentido. ¿Acaso nos podemos definir?

El concepto de "paz" en sí, no solo en estas letras, lo dije por ser un tanto estático, carente de sonido, de muerte… Como un “ir en paz”, "estar en paz", ¿y?

Le dije fea por carencias, por ser, de esas palabras un tanto "comodines".

bobadas que tiene una en la cabeza...

Saludos, Juan Oriental
 
Y sí, hay que ser malo porque ser bueno es aburrido Je.
Saludos y muchas gracias, Sarad.

El uno aburrido, sí, pero el otro nefasto, claro. Sueltos carecen de valor, de sentido. ¿Acaso nos podemos definir?

El concepto de "paz" en sí, no solo en estas letras, lo dije por ser un tanto estático, carente de sonido, de muerte… Como un “ir en paz”, "estar en paz", ¿y?

Le dije fea por carencias, por ser, de esas palabras un tanto "comodines".

bobadas que tiene una en la cabeza...

Saludos, Juan Oriental
Todo bien, Sarad, lo de malo lo digo porque cansado de ser bueno, el personaje cruzó la puerta y descreído de todo se sintió mejor. En realidad, despechado contra la vida que no le correspondió sus bondades. Pero claro, también amó en ella y el amor tiene esa persistencia a veces, al menos de una de las dos partes.
Saludos y agradecido de tu sana inquietud.
 
¿Para qué habré cruzado la puerta?...
¡Ahora soy invulnerable a todo!
A la más cruenta de las pestes.
Ahora tomé conciencia de lo vano,
de lo utópico y lo real
atesorado por la mente humana:
el amor, la amistad, la fortuna...
Maduré y me podrí de golpe.
Pobre mi resto de juventud.
Ahora soy un sabio repugnado y repulso
que ve todo sin interés,
que detesta la tonta confluencia
de las cosas gratas que toda la vida aspiró
(y algunas consiguió pero perdió
por cruzar la puerta).
Ahora no importa nada.
Adiós emoción, curiosidad, fervor.
Adiós pasión febril, locura, orgullo.
Amor propio, adiós.
Crucé la puerta y la puerta se cerró tras de mí.
Sin embargo, cuánta paz en esta dimensión.
¡La mayor!
Pero… ¿cómo diablos se filtró tu recuerdo?


Viento de encuentro para marcar un espacio que conmueve.
felicidades. luzyabsenta
 

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