Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Para qué habré cruzado la puerta?...
¡Ahora soy invulnerable a todo!
A la más cruenta de las pestes.
Ahora tomé conciencia de lo vano,
de lo utópico y lo real
atesorado por la mente humana:
el amor, la amistad, la fortuna...
Maduré y me podrí de golpe.
Pobre mi resto de juventud.
Ahora soy un sabio repugnado y repulso
que ve todo sin interés,
que detesta la tonta confluencia
de las cosas gratas que toda la vida aspiró
(y algunas consiguió pero perdió
por cruzar la puerta).
Ahora no importa nada.
Adiós emoción, curiosidad, fervor.
Adiós pasión febril, locura, orgullo.
Amor propio, adiós.
Crucé la puerta y la puerta se cerró tras de mí.
Sin embargo, cuánta paz en esta dimensión.
¡La mayor!
Pero… ¿cómo diablos se filtró tu recuerdo?
¡Ahora soy invulnerable a todo!
A la más cruenta de las pestes.
Ahora tomé conciencia de lo vano,
de lo utópico y lo real
atesorado por la mente humana:
el amor, la amistad, la fortuna...
Maduré y me podrí de golpe.
Pobre mi resto de juventud.
Ahora soy un sabio repugnado y repulso
que ve todo sin interés,
que detesta la tonta confluencia
de las cosas gratas que toda la vida aspiró
(y algunas consiguió pero perdió
por cruzar la puerta).
Ahora no importa nada.
Adiós emoción, curiosidad, fervor.
Adiós pasión febril, locura, orgullo.
Amor propio, adiós.
Crucé la puerta y la puerta se cerró tras de mí.
Sin embargo, cuánta paz en esta dimensión.
¡La mayor!
Pero… ¿cómo diablos se filtró tu recuerdo?
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