jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me tocó estar dentro de este cuerpo
propenso al sedentarismo, proclive
a llevarse a los labios un buen
vaso de vino, un cigarrillo; a permanecer
horas casi inmóvil, un cuerpo
desde siempre apegado a
sentir deslizarse sobre la piel la mano
suave de una mujer, la lengua suave
de una mujer, a dejarse envolver
por un cuerpo de mujer, estrecharlo, invadirlo,
enfangarse en él; mi cuerpo
quizás siente nostalgia de no haber sido
un cuerpo de mujer, tener la capacidad
de recibir otros cuerpos y
albergarlos dentro de sí como una esponja
carnívora o una medusa carnívora o
un ectoplasma succionador y exprimirles
la savia y secarlos y escupirlos luego
como la cáscara de una pepita de calabaza;
un cuerpo que se cansa pronto, que se acoge
a la ley del mínimo esfuerzo -no es de esos
nacidos para llevar armadura
y escudo y espada y ser estatua en bronce-
mi cuerpo querría tener alas
no tocar la tierra, no sentirse aplastado
por la gravedad y la armazón de sus huesos
ser de aire o de nitrógeno, desplazarse
en la longitud de onda del ultravioleta; curvarse
con el arcoiris o en el peor
de los casos subsistir en la forma de
esa ligera llovizna que lleva cayendo
toda la tarde y me hace ponerme triste mientras pienso
lo lejos que van quedando ya los días
en que mi cuerpo y el tuyo eran
uno solo y
levitaban
Última edición: