mi cuerpo

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa

me tocó estar dentro de este cuerpo

propenso al sedentarismo, proclive
a llevarse a los labios
un buen
vaso de vino, un cigarrillo; a permanecer

horas casi inmóvil, un cuerpo
desde siempre apegado a
sentir deslizarse sobre la piel la mano
suave de una mujer, la lengua suave
de una mujer, a dejarse envolver
por un cuerpo de mujer, estrecharlo, invadirlo,
enfangarse en él; mi cuerpo
quizás siente nostalgia de no haber sido
un cuerpo de mujer, tener la capacidad
de recibir otros cuerpos y
albergarlos dentro de sí como una esponja
carnívora o una medusa carnívora o
un ectoplasma succionador y exprimirles
la savia y secarlos y escupirlos luego
como la cáscara de una pepita de calabaza;
un cuerpo que se cansa pronto, que se acoge
a la ley del mínimo esfuerzo -no es de esos
nacidos para llevar armadura
y escudo y espada y ser estatua en bronce-
mi cuerpo querría tener alas
no tocar la tierra, no sentirse aplastado
por la gravedad y la armazón de sus huesos
ser de aire o de nitrógeno, desplazarse
en la longitud de onda del ultravioleta; curvarse
con el arcoiris o en el peor
de los casos subsistir en la forma de
esa ligera llovizna que lleva cayendo
toda la tarde y me hace ponerme triste
mientras pienso
lo lejos que van quedando ya los días
en que mi cuerpo y el tuyo eran
uno solo y
levitaban






 
Última edición:


mi cuerpo querría tener alas
no tocar la tierra, no sentirse aplastado
por la gravedad y la armazón de sus huesos
ser de aire o de nitrógeno, desplazarse
en la longitud de onda del ultravioleta; curvarse
con el arcoiris o en el peor
de los casos subsistir en la forma de
esa ligera llovizna que lleva cayendo
toda la tarde y me hace ponerme triste
mientras pienso
lo lejos que van quedando ya los días
en que mi cuerpo y el tuyo eran
uno solo y
levitaban




Ese final, por favor, me trajo a la mente este fragmento del Espantapájaros de Oliverio Girondo.


"Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando."
 
Buenos tiempos aquellos donde ambos cuerpos levitaban. Ni modo viejo, algo mejor vendrá... o vuelve la tipa (la que sea, no sé, a joder por un rato, casi todas vuelven en determinado momento). Saludos Villa. Bendiciones y estrellas.
 

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