mariano dupont
Poeta fiel al portal
ACANTILADO
Prehistoria de abismos
de silente antigüedad,
en tiempos sin humanos,
miró al enhiesto acantilado.
El cincel de la ola perdura
en la piedra dura
y golpea insistente
a los ganes incrustados
en el mineral indiferente.
Bajo la cumbre del cielo
andan huellas, por la arena,
desnudas en el suelo
(en algunas noches
y en algunos días)
batiendo alas de desvelo.
Nos amamos frente a la roca
crucificada de algas,
bajo el manto
de la inmensa soledad,
con el misterio
del murmullo de las caracolas
y su súplica sin parar.
Nos amamos en horas tiernas
de mar, de tiempo y de olas.
En el silencio enorme
es la música del amor,
el eco de épocas más remotas
que la imaginación.
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Prehistoria de abismos
de silente antigüedad,
en tiempos sin humanos,
miró al enhiesto acantilado.
El cincel de la ola perdura
en la piedra dura
y golpea insistente
a los ganes incrustados
en el mineral indiferente.
Bajo la cumbre del cielo
andan huellas, por la arena,
desnudas en el suelo
(en algunas noches
y en algunos días)
batiendo alas de desvelo.
Nos amamos frente a la roca
crucificada de algas,
bajo el manto
de la inmensa soledad,
con el misterio
del murmullo de las caracolas
y su súplica sin parar.
Nos amamos en horas tiernas
de mar, de tiempo y de olas.
En el silencio enorme
es la música del amor,
el eco de épocas más remotas
que la imaginación.
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