Ayer..
Inquieta por el lodo enquistado,
y en un alarde de movilizar falsos sosiegos,
tropecé con la acritud pretérita en tus versos.
Corazones en estampida,
sujetos por collares quebradizos,
desparramaban aljófares,
antaño engarzados en diamante.
Cuerpos mutilados de reproches
encanillados en mortaja de oro.
No pregunté, por ignorancia,
la causa de tus desfallecimientos.
Sólo
,
reviví instantes.
Siento una tremenda laxitud,
por haberte hecho entrega de suspiros de madera,
por ahogarte de lamentos,
desconociendo que tu cuerpo,
era ya,
un átomo en mil fragmentos