malco
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Desnuda ( Décima en glosa )
Desnuda en el sopor,
vestal nocturna embrujadora,
rara flor cautivadora,
diosa cósmica dormida,
con un beso en la frente,
que dejo mi despedida.
I
Ardiendo los candiles,
dando sombras caprichosas,
crecen larvas entre rosas,
dibujando los perfiles,
muere la luz de los abriles.
Y bajo su piel, crece un temblor,
y con un leve rumor,
desahogase en el lecho,
firme late su pecho,
desnuda en el sopor.
II
Y en el desvarío que la embriaga,
en la soledad de su tristeza,
se desvanece en la tibieza
de sus deseos, afiebrada.
Rueda lágrima, y apaga,
su lumbre tentadora,
aleja la brecha seductora,
liberame de su savia,
conjura la miel de su magia,
vestal nocturna embrujadora.
III
Y de sus crisálidas manos,
renacen mariposas,
de alas primorosas,
mensajeras de lo vano.
Y como presagio lejano,
que su instinto avizora,
presiente sin demora,
mi partida, presuroso,
dejándole, un adiós silencioso,
rara flor cautivadora.
IV
Y con sus labios carnosos,
se insinúa voluptuosa,
y desde su vientre, fogosa,
muestra, los caminos peligrosos.
Que conducen a los gozos,
de senderos sin salida.
y exhausta y rendida,
en un sueño imborrable,
permaneces inmutable,
diosa cósmica dormida.
V
Y en la seda de su cuerpo,
se deslizan las fragancias,
y aromadas las distancias,
desplomase a lo incierto.
Y en los precipicios abiertos,
de su alma irreverente,
como sueño evanescente,
de una ligera presencia,
dejóle mi ausencia,
con un beso en la frente.
VI
Y en la vorágine de sus sentidos,
de su entrega primera,
solo, la penumbra compañera,
henchida de placeres, a su cuerpo ceñidos.
Palpitan sus peciolos erguidos,
y lánguida y rendida,
sin entender mi partida,
de las grietas de sus pasiones,
vuelan las aladas ilusiones,
que dejo mi despedida.
Malco
Desnuda en el sopor,
vestal nocturna embrujadora,
rara flor cautivadora,
diosa cósmica dormida,
con un beso en la frente,
que dejo mi despedida.
I
Ardiendo los candiles,
dando sombras caprichosas,
crecen larvas entre rosas,
dibujando los perfiles,
muere la luz de los abriles.
Y bajo su piel, crece un temblor,
y con un leve rumor,
desahogase en el lecho,
firme late su pecho,
desnuda en el sopor.
II
Y en el desvarío que la embriaga,
en la soledad de su tristeza,
se desvanece en la tibieza
de sus deseos, afiebrada.
Rueda lágrima, y apaga,
su lumbre tentadora,
aleja la brecha seductora,
liberame de su savia,
conjura la miel de su magia,
vestal nocturna embrujadora.
III
Y de sus crisálidas manos,
renacen mariposas,
de alas primorosas,
mensajeras de lo vano.
Y como presagio lejano,
que su instinto avizora,
presiente sin demora,
mi partida, presuroso,
dejándole, un adiós silencioso,
rara flor cautivadora.
IV
Y con sus labios carnosos,
se insinúa voluptuosa,
y desde su vientre, fogosa,
muestra, los caminos peligrosos.
Que conducen a los gozos,
de senderos sin salida.
y exhausta y rendida,
en un sueño imborrable,
permaneces inmutable,
diosa cósmica dormida.
V
Y en la seda de su cuerpo,
se deslizan las fragancias,
y aromadas las distancias,
desplomase a lo incierto.
Y en los precipicios abiertos,
de su alma irreverente,
como sueño evanescente,
de una ligera presencia,
dejóle mi ausencia,
con un beso en la frente.
VI
Y en la vorágine de sus sentidos,
de su entrega primera,
solo, la penumbra compañera,
henchida de placeres, a su cuerpo ceñidos.
Palpitan sus peciolos erguidos,
y lánguida y rendida,
sin entender mi partida,
de las grietas de sus pasiones,
vuelan las aladas ilusiones,
que dejo mi despedida.
Malco
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