HUYÓ LA PRIMAVERA.
Renunció la primavera,
de nuevo es el frío el dueño,
viento helado que penetra
desde el alma hasta los huesos.
Ya los cerezos cuajados
de flores blancas y leves,
y los almendros, sin sombra
quedaron bajo la nieve.
Cuánta vida allí latiendo
en los diminutos vientres.
Y cuántos frutos muriendo
por las heladas hirientes.
A veces, en tardes frías,
de este mi otoño invernizo
veo en mí la alegoría
de este vivir heladizo.
Mas no soy yo como la flor
con su corazón preñado
de vida nueva y calor:
el mío está frío, cansado.
Renunció la primavera,
de nuevo es el frío el dueño,
viento helado que penetra
desde el alma hasta los huesos.
Ya los cerezos cuajados
de flores blancas y leves,
y los almendros, sin sombra
quedaron bajo la nieve.
Cuánta vida allí latiendo
en los diminutos vientres.
Y cuántos frutos muriendo
por las heladas hirientes.
A veces, en tardes frías,
de este mi otoño invernizo
veo en mí la alegoría
de este vivir heladizo.
Mas no soy yo como la flor
con su corazón preñado
de vida nueva y calor:
el mío está frío, cansado.