Qué osadía fue la mía,
En fijarme,
De todos los seres que habitan,
En tu figura perfecta
Semejante a la de Adonis.
No pude esperar otra cosa,
Si de veras en el espejo
Mi imagen contemplé,
Que el cosechar tu desprecio
Ante mis carencias manifiestas,
Mi lamentable presencia,
Unido al deslumbramiento evidente,
Que como creyente entregado,
Ante un implacable dios, mostré.
Despertar me costó
Porque el norte había perdido;
A tal grado me humillé,
Con tanta fuerza
Mi amor le regalé,
Que no quedó nada, tangible,
En mi interior.
Pero incluso
La más nefasta desgracia,
Un milenio no perdura
Y mi corazón ,despacio,
Dialogando con el cerebro,
Un día despertó.
La noche pareció clara,
La risa reapareció;
Mi mal, por fin, se curó.
En fijarme,
De todos los seres que habitan,
En tu figura perfecta
Semejante a la de Adonis.
No pude esperar otra cosa,
Si de veras en el espejo
Mi imagen contemplé,
Que el cosechar tu desprecio
Ante mis carencias manifiestas,
Mi lamentable presencia,
Unido al deslumbramiento evidente,
Que como creyente entregado,
Ante un implacable dios, mostré.
Despertar me costó
Porque el norte había perdido;
A tal grado me humillé,
Con tanta fuerza
Mi amor le regalé,
Que no quedó nada, tangible,
En mi interior.
Pero incluso
La más nefasta desgracia,
Un milenio no perdura
Y mi corazón ,despacio,
Dialogando con el cerebro,
Un día despertó.
La noche pareció clara,
La risa reapareció;
Mi mal, por fin, se curó.