Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las estrellas incendiadas anadearon en el desierto,
tiranizaron mis ojos,
dejaron el crepúsculo con sangre y desvelos.
No hubo forma de negarme a contemplarlas
pero en ellas me descubro.
Ojalá yo me ofrendase a tí Dio-tima que
permaneces y sonries y odias.
Ojalá yo volase rasante,
ojalá me desplumase en los tornados y
con la tempestad alcanzase tus manos amorosas.
Las estrellas incendiadas permanecen ajenas,
escuchan imperturbables los latidos de mi amor
abismado.
Sólo así obtengo la sensación del pasado y del amor
infinito.
tiranizaron mis ojos,
dejaron el crepúsculo con sangre y desvelos.
No hubo forma de negarme a contemplarlas
pero en ellas me descubro.
Ojalá yo me ofrendase a tí Dio-tima que
permaneces y sonries y odias.
Ojalá yo volase rasante,
ojalá me desplumase en los tornados y
con la tempestad alcanzase tus manos amorosas.
Las estrellas incendiadas permanecen ajenas,
escuchan imperturbables los latidos de mi amor
abismado.
Sólo así obtengo la sensación del pasado y del amor
infinito.
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