Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Se rompió tu esqueleto de vidrio,
y al alborotarse la noche,
me volví de seda.
Trozos rabiosos de humeante espuma,
cendal transparente,
que en mis manos queda.
Se parece tu boca a un sueño perdido,
a un huracan de luces inocentes y sinceras,
que en las mañanas de sombra
se pasean a mi lado,
he iluminan los rastrojos
que hay en mi alboreda.
Tú.
Pequeña y recóndita atracción,
que se desliza por mi lomo buscando refugio.
Que me ama y me desespera.
Que en mis versos cobardes se tambalea.
Solo busco el momento de sentirte;
Tan humana y sencilla como el alba.
Tan pequeña y amable como un sueño.
Y envejecer mi cuerpo
rozando tu piel líquida y secreta.
Y que sean nuestros nombres
cuando nos hayamos ido,
cicatrices rotas, grabadas en la tierra.
y al alborotarse la noche,
me volví de seda.
Trozos rabiosos de humeante espuma,
cendal transparente,
que en mis manos queda.
Se parece tu boca a un sueño perdido,
a un huracan de luces inocentes y sinceras,
que en las mañanas de sombra
se pasean a mi lado,
he iluminan los rastrojos
que hay en mi alboreda.
Tú.
Pequeña y recóndita atracción,
que se desliza por mi lomo buscando refugio.
Que me ama y me desespera.
Que en mis versos cobardes se tambalea.
Solo busco el momento de sentirte;
Tan humana y sencilla como el alba.
Tan pequeña y amable como un sueño.
Y envejecer mi cuerpo
rozando tu piel líquida y secreta.
Y que sean nuestros nombres
cuando nos hayamos ido,
cicatrices rotas, grabadas en la tierra.
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