Lleva el marino al cuello de su alma,
una cadena de suspiros,
muriendo de pena en vida
por una mirada olvidada.
Preparábase la barcaza
con sus trémulas manos
sin más provisiones que una vieja caña
mientras por su cabeza repetíase la misma frase…
( para que sufrir la crudeza de esa agonía,
para que orar y hallar hielo en su mirada,
mejor partir en busca del olvido,
mientras soy empujado por la mar
junto a mi soledad hacia el retiro )
Cual náufrago a la deriva,
cual paloma que vuela sin divisar tierra,
entre vaivenes de olas,
presagiábase que nadie le salvará de ese naufragio,
si no fuere su luz la que ilumina,
si no fuese su voz,
el norte que sus ojos lloran.
Zarpa el barquero,
navegará hasta que la salitre los eslabones oxide,
adonde no llegare a oírle ni el a verla,
evitándose así el mal presagio
de no hallar en sus ojos el faro.
Partió el marinero,
vacío y sin puerto.
Marchose con la pena y
entre penas sonriendo y
mirando hacia el eterno,
pronunciose en voz alta...
¡¡Adiós mujer!!
despídome hasta la muerte.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 14/08/2014
Última edición por un moderador: