tomasecardozo
Poeta recién llegado
Gabo
Me llamaban “Gabo”
aunque mi nombre era Gabriel;
escribí mil historias a orillas del camino
rocié con polvo de estrellas y nubes
las flores del martirio,
emancipé la lluvia y la tormenta
rendí cuentas de mis deudas
establecí un palacio entre las sombras,
forjé los umbrales de nácar
cincelé, esculpí mis palabras,
moldeadas por el pensamiento.
Viví una vida de suspenso y gloria
en los prólogos de mis haberes
y cien años de soledad no bastaría
para quemar inciensos
y pronunciar responso…
He sido extrañado,
proscrito y desterrado…
Ya el coronel no tiene quien le escriba,
desconcertado ante la turba;
una caravana ruidosa que pasa
y ven mis ojos cerrados…
Asombro y fascinación en el adiós
las campanas en estruendoso repique se dilatan
en los funerales de la mamá grande.
Memorias que se escriben y se cuentan;
la hojarasca se ha ido.
El mago no despierta
la patria grande se ensancha
el laberinto se descubre,
se escuchan los pasos del General.
Me llamaban “Gabo”…
mi espada era la pluma de la libertad
de la patria grande; el sueño de los héroes,
labrada a sangre y fuego.
Con amor en tiempos de cólera
sembré los espacios desdichados…
Lloré por los muertos
viví la plenitud de los aplausos
eludí la dicha en tiempos de discordia
restringí mi verbo de los coliseos de contiendas necias,
cedí la audiencia a los miserables
en los escenarios de un mundo cruel,
donde plagan las páginas de los diarios
con las noticia de un secuestro.
Cruel ironía la de los desposeídos,
sin padrinos, sin jueces,
inquilinos de maldad.
Ha llegado la mala hora,
en el otoño del patriarca,
en una crónica de una muerte anunciada
en el rastro de tu sangre en la nieve.
Cuando era feliz e indocumentado…
Me llamaban “Gabo”
Tomás Escala Cardozo
Me llamaban “Gabo”
aunque mi nombre era Gabriel;
escribí mil historias a orillas del camino
rocié con polvo de estrellas y nubes
las flores del martirio,
emancipé la lluvia y la tormenta
rendí cuentas de mis deudas
establecí un palacio entre las sombras,
forjé los umbrales de nácar
cincelé, esculpí mis palabras,
moldeadas por el pensamiento.
Viví una vida de suspenso y gloria
en los prólogos de mis haberes
y cien años de soledad no bastaría
para quemar inciensos
y pronunciar responso…
He sido extrañado,
proscrito y desterrado…
Ya el coronel no tiene quien le escriba,
desconcertado ante la turba;
una caravana ruidosa que pasa
y ven mis ojos cerrados…
Asombro y fascinación en el adiós
las campanas en estruendoso repique se dilatan
en los funerales de la mamá grande.
Memorias que se escriben y se cuentan;
la hojarasca se ha ido.
El mago no despierta
la patria grande se ensancha
el laberinto se descubre,
se escuchan los pasos del General.
Me llamaban “Gabo”…
mi espada era la pluma de la libertad
de la patria grande; el sueño de los héroes,
labrada a sangre y fuego.
Con amor en tiempos de cólera
sembré los espacios desdichados…
Lloré por los muertos
viví la plenitud de los aplausos
eludí la dicha en tiempos de discordia
restringí mi verbo de los coliseos de contiendas necias,
cedí la audiencia a los miserables
en los escenarios de un mundo cruel,
donde plagan las páginas de los diarios
con las noticia de un secuestro.
Cruel ironía la de los desposeídos,
sin padrinos, sin jueces,
inquilinos de maldad.
Ha llegado la mala hora,
en el otoño del patriarca,
en una crónica de una muerte anunciada
en el rastro de tu sangre en la nieve.
Cuando era feliz e indocumentado…
Me llamaban “Gabo”
Tomás Escala Cardozo
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