Ligia Calderón Romero
Poeta veterano en el portal

La aurora canta y ríe a carcajadas
al compás del yigüirro mañanero
que en cada abril visita el limonero
que alberga en su ramaje sus nidadas.
Entre el verdor su nido va trenzando
de vez en cuando
mira el paisaje,
mi camuflaje
—sobre el balcón
este mirón—
advierte con premura y sin demora
emprende el vuelo el ave trovadora.
Luego que todo se vislumbra en calma
retorna el artesano con su empeño
y del árbol parece ser su dueño,
con hierba y barro allí su nido empalma.
Tres huevecillos con color de cielo,
verlos anhelo,
—guardo cautela—
de la acuarela
disfruto al día
como solía
hacerlo en mis hazañas de la infancia.
¡Cómo admiro su porte y su elegancia!
Qué decir de tu canto matutino
que en mi reja despierta las auroras
cuando el fénix envuelve en sus listones
las sombras que fenecen con la diana.
Los hortelanos piensan que tu trino
son sagradas plegarias con que imploras
la lluvia que en abril en borbotones
cae sobre los campos y los sana
de la árida resaca del verano
y los convierte en fértiles doncellas
que dan a luz los tropicales frutos.
Pero lo cierto es que el trinar temprano
es tu ritual cortejo a las más bellas
hembras de singulares atributos.
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