malco
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Fatal
No por tener la flor, en sus pétalos el encanto
al irlos uno a uno arrancando, vuelvense flores retoñando,
que como inciertas, las fingidas verdades
los arrancados pétalos se marchitan
la incertidumbre que orada la confianza
la vuelven polvo y cenizas.
Vuelvense oquedades las creencias, en hilachas quedan convertidas,
las palabras que con engaños son urdidas, con turbias y enlodadas renuencias
y en la áspera piel de la verdad, cuando el engaño deja las cavernas,
donde oculto fragua la maldad y muestra su sombrío rostro
con precaria aquiescencia la verdad, asomase trémula de arrostro.
Y vencida en el engaño, la ingrata en su desafío
encuentra refugio baldío y con falsa obsecuencia
como víctima engañada, hace en otro morada
repitiendo sus malquerencias
y con arteras mañas, por su astucia concebidas
va dejando a su paso, los cardos de su inconsciencia
sin importar llenar de abrojos lo que un día florecía
va vagando y en sus aojos, deja las almas, áridas y sombrías.
Cuando dará reposo, a la vileza que con engaños prodiga,
será que cuando débil, en su dureza, se sienta ya perdida
pues cautiva en sus entornos entregada y abatida
al igual que hizo a otros, no sea correspondida
y sufriente de penares en soledad urgida
de perdón y de clemencia vagara arrepentida.
No por tener la flor, en sus pétalos el encanto
al irlos uno a uno arrancando, vuelvense flores retoñando,
que como inciertas, las fingidas verdades
los arrancados pétalos se marchitan
la incertidumbre que orada la confianza
la vuelven polvo y cenizas.
Vuelvense oquedades las creencias, en hilachas quedan convertidas,
las palabras que con engaños son urdidas, con turbias y enlodadas renuencias
y en la áspera piel de la verdad, cuando el engaño deja las cavernas,
donde oculto fragua la maldad y muestra su sombrío rostro
con precaria aquiescencia la verdad, asomase trémula de arrostro.
Y vencida en el engaño, la ingrata en su desafío
encuentra refugio baldío y con falsa obsecuencia
como víctima engañada, hace en otro morada
repitiendo sus malquerencias
y con arteras mañas, por su astucia concebidas
va dejando a su paso, los cardos de su inconsciencia
sin importar llenar de abrojos lo que un día florecía
va vagando y en sus aojos, deja las almas, áridas y sombrías.
Cuando dará reposo, a la vileza que con engaños prodiga,
será que cuando débil, en su dureza, se sienta ya perdida
pues cautiva en sus entornos entregada y abatida
al igual que hizo a otros, no sea correspondida
y sufriente de penares en soledad urgida
de perdón y de clemencia vagara arrepentida.
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