Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentada en mi piedra te veo pasar,
bañando mi cuerpo con luz lunar,
cantando la más triste melodía,
cuando pasa por este lado del mar.
Con la mirada fija te veo pasar.
Tu barco cual navío fantasmal
al ritmo de los brazos cansados avanza,
cuando pasa por este lado del mar.
Desde la noche te veo pasar,
entre estrellas pareces navegar.
El agua es espejo del cielo nocturno,
cuando pasas por este lado del mar.
Entre los años te veo pasar,
y mi anhelo suele preguntar
si podría ser yo la razón de tu odisea,
si a mi tu corazón desearías confiar.
Si podría yo mi canto abandonar
y enmudecer mi voz hasta expirar,
y con piernas en lugar de cola
al mar para siempre renunciar,
si podría yo volverme mortal,
ser valiente y el “por siempre” dejar,
para poder perecer en tus brazos
sin convertirme en espuma de mar.
Pero el viento me vuelve a susurrar
la respuesta que temo escuchar,
mientras tú, amarrado a tu mástil,
resistes sereno a mi canto inmortal.
Y aunque no deba, te vuelvo a observar,
desde la sombras, desde el quizás,
y, lo sé, soy un punto en tu pupila,
un reflejo tan lejano como irreal,
sé que en mi dirección diriges tu mirar
y dejas a mi voz tu ser acariciar,
aunque nunca conocerás mi nombre,
aunque nunca te desees acercar.
Me conformo con verte pasar
y que ansíes escucharme cantar,
y ser yo la razón, amado Ulises,
que te traiga por este lado del mar.
Vaya no te conocia te leo dos poemas y son dos excelentes poemitas. En este si me permites una sugerencia deja todos los verso endecasílabos o dodecasílabos. Tambien me gustaría que la oración con que terminas las tres primeras estrofas la dejaras como estribillo en todo el resto del poema (Así como esas primeras tres) con excepción de aquellas estrofas cuyo último verso termina con el sustantivo mar esas están bien así en mi humilde opinión. Me gusto mucho este poema también Y te dejo estrellitas para que alumbren tu mar.