ALYA
Poeta fiel al portal
Se consumió tu piel,
sepultando en los resquicios
de tus poros trocitos de esperanza.
Las líneas del tiempo en tus manos
resguardaron las historias casi
extintas en tu memoria.
Cuantos sueños dilatados en tus pupilas,
cuantas tristezas colgadas eternamente
como lágrima que juguetea en la cuenca
de tus silencios sin transitar jamás
al espacio del llanto.
Hay ternura plizada en la falda
de tu vejez ya sin remedio.
Acomodas con tus dedos temblorosos
la firmeza de un pasado heroico,
donde fuiste guerrera, dama, princesa,
madre, guardián, soldado, ilusionista,
maga, doctora y a veces hasta verduga,
donde desgraciadamente no te sobró tiempo
para reír y mucho menos para quejarte.
Fuiste tanto para tantos, pero te olvidaste de ti.
El tiempo no te perdona, tampoco te conoce,
pero tú, incólume, te burlas del marasmo en tu memoria
y construyes mundos nuevos, visitas aquellos espacios
que no disfrutaste y vuelves a ser, según se te antoja
la niña acurrucada en el regazo de su madre,
la hermana cómplice que guarda como un terrible secreto el beso que vio,
la dama eternamente enamorada de su único amor,
la joven ilusionada desposada ante el altar,
la madre primeriza que duerme entre arrullos a su pequeña.
Te burlas de los años seleccionando los espacios que habitas ahora
y aunque tu cuerpo y tu piel de ocho décadas gritan tu vejez,
tú retas al alzhéimer viviendo cada instante nueva vez.
sepultando en los resquicios
de tus poros trocitos de esperanza.
Las líneas del tiempo en tus manos
resguardaron las historias casi
extintas en tu memoria.
Cuantos sueños dilatados en tus pupilas,
cuantas tristezas colgadas eternamente
como lágrima que juguetea en la cuenca
de tus silencios sin transitar jamás
al espacio del llanto.
Hay ternura plizada en la falda
de tu vejez ya sin remedio.
Acomodas con tus dedos temblorosos
la firmeza de un pasado heroico,
donde fuiste guerrera, dama, princesa,
madre, guardián, soldado, ilusionista,
maga, doctora y a veces hasta verduga,
donde desgraciadamente no te sobró tiempo
para reír y mucho menos para quejarte.
Fuiste tanto para tantos, pero te olvidaste de ti.
El tiempo no te perdona, tampoco te conoce,
pero tú, incólume, te burlas del marasmo en tu memoria
y construyes mundos nuevos, visitas aquellos espacios
que no disfrutaste y vuelves a ser, según se te antoja
la niña acurrucada en el regazo de su madre,
la hermana cómplice que guarda como un terrible secreto el beso que vio,
la dama eternamente enamorada de su único amor,
la joven ilusionada desposada ante el altar,
la madre primeriza que duerme entre arrullos a su pequeña.
Te burlas de los años seleccionando los espacios que habitas ahora
y aunque tu cuerpo y tu piel de ocho décadas gritan tu vejez,
tú retas al alzhéimer viviendo cada instante nueva vez.