Recuerdos de un poema

lesmo

Poeta veterano en el portal
Cuántos versos de triste soledad
quedaron en el fondo de un recuerdo,
así como quedó ya para siempre
sobre la piel el frío de un invierno.
Sonó la calderilla en el bolsillo
de aquel gitano pobre y tan chicuelo
igual que el eco amargo de un "tangazo"
mataba el hambre eterna de sus nietos.
He vuelto a releer aquel poema,
mis manos se calientan en el fuego,
de grave voz se inundan mis oídos
después de haber dormido tanto tiempo.
Ahora soy yo mismo el que recita
las penas de “El Piyayo” y sus pequeños,
se envuelve de esa pena la otra pena
de verme envejecido en el espejo.


En recuerdo a mi padre cuando recitaba “El Piyayo” de José Carlos de Luna (1890-1965)
 
Última edición:
Cuántos versos de triste soledad
quedaron en el fondo de un recuerdo,
así como quedó ya para siempre
sobre la piel el frío de un invierno.
Sonó la calderilla en el bolsillo
de aquel gitano pobre y tan chicuelo
igual que el eco amargo de un "tangazo"
mataba el hambre eterna de sus nietos.
He vuelto a releer aquel poema,
mis manos se calientan en el fuego,
de grave voz se inundan mis oídos
después de haber dormido tanto tiempo.
Ahora soy yo mismo el que recita
las penas de “El Piyayo” y sus pequeños
se envuelve de esa pena la otra pena
de verme envejecido en el espejo.


En recuerdo a mi padre cuando recitaba “El Piyayo” de José Carlos de Luna (1890-1965)
Muy bonito poema donde recuerdas tus poemas de la infancia. Grato leerte. Un abrazo amigo.
 
Cuántos versos de triste soledad
quedaron en el fondo de un recuerdo,
así como quedó ya para siempre
sobre la piel el frío de un invierno.
Sonó la calderilla en el bolsillo
de aquel gitano pobre y tan chicuelo
igual que el eco amargo de un "tangazo"
mataba el hambre eterna de sus nietos.
He vuelto a releer aquel poema,
mis manos se calientan en el fuego,
de grave voz se inundan mis oídos
después de haber dormido tanto tiempo.
Ahora soy yo mismo el que recita
las penas de “El Piyayo” y sus pequeños
se envuelve de esa pena la otra pena
de verme envejecido en el espejo.


En recuerdo a mi padre cuando recitaba “El Piyayo” de José Carlos de Luna (1890-1965)

Hermoso recuerdo y no menos hermosos versos donde el recuerdo de aquellos años brotó en la memoria para quedar impresos en un nuevo poema.
Magnífico homenaje rindes a la memoria de tu Padre Salva.
Un fuerte abrazo estimado amigo.
 
Hermoso recuerdo y no menos hermosos versos donde el recuerdo de aquellos años brotó en la memoria para quedar impresos en un nuevo poema.
Magnífico homenaje rindes a la memoria de tu Padre Salva.
Un fuerte abrazo estimado amigo.
Muy agradecido, mi querido Luis, por la compañía que prestas a mis letras con este comentario tan amable. Para mi es un honor tu presencia en este espacio.
Recibe mi abrazo fuerte.
 
Cuántos versos de triste soledad
quedaron en el fondo de un recuerdo,
así como quedó ya para siempre
sobre la piel el frío de un invierno.
Sonó la calderilla en el bolsillo
de aquel gitano pobre y tan chicuelo
igual que el eco amargo de un "tangazo"
mataba el hambre eterna de sus nietos.
He vuelto a releer aquel poema,
mis manos se calientan en el fuego,
de grave voz se inundan mis oídos
después de haber dormido tanto tiempo.
Ahora soy yo mismo el que recita
las penas de “El Piyayo” y sus pequeños,
se envuelve de esa pena la otra pena
de verme envejecido en el espejo.


En recuerdo a mi padre cuando recitaba “El Piyayo” de José Carlos de Luna (1890-1965)
Preciosos versos nacidos de los profundos recuerdos de la infancia, con personajes de otros tiempos, como el Piyayo que nos comentas.
Realmente me han impresionado los sentimientos que nos dejas en este poema.
Sigues superándote a cada paso
Un fuerte abrazo
Amigo Salvador.
 
Preciosos versos nacidos de los profundos recuerdos de la infancia, con personajes de otros tiempos, como el Piyayo que nos comentas.
Realmente me han impresionado los sentimientos que nos dejas en este poema.
Sigues superándote a cada paso
Un fuerte abrazo
Amigo Salvador.
Muchas gracias, amigo Alfonso, por la exquisita amabilidad con la que siempre me tratas.
Me alegra que hayan sido de tu gusto estas letras.
Con mi abrazo muy fuerte.
 
Cuántos versos de triste soledad
quedaron en el fondo de un recuerdo,
así como quedó ya para siempre
sobre la piel el frío de un invierno.
Sonó la calderilla en el bolsillo
de aquel gitano pobre y tan chicuelo
igual que el eco amargo de un "tangazo"
mataba el hambre eterna de sus nietos.
He vuelto a releer aquel poema,
mis manos se calientan en el fuego,
de grave voz se inundan mis oídos
después de haber dormido tanto tiempo.
Ahora soy yo mismo el que recita
las penas de “El Piyayo” y sus pequeños,
se envuelve de esa pena la otra pena
de verme envejecido en el espejo.


En recuerdo a mi padre cuando recitaba “El Piyayo” de José Carlos de Luna (1890-1965)

Recuerdos de la infancia que son fogon de oxido para aventurar
con tristeza el recorrido ambiental de los alientos internos.
felicidades., hermosas lineas. luzyabsenta
 

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