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Vaya que suerte la mía

Alfredo Grajales Sosa

Poeta que considera el portal su segunda casa
En una ocasión estando
conviviendo con amigos
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza
¿qué te invito, una cerveza
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas
nos marchamos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante
de té pidió cuatro tazas
después, carnero a las brasas
españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!
le hice una seña al mesero
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas
aunque estaba muy contenta
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma
-casi muero al ver la suma-
¡seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
su nombre de prisa nombro
la contemplé con asombro
-de indigestión se murió-
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
 
Última edición:
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
Muy simpatico poema amigo. Me ha encantado leer tus excelentes decimas. Un abrazo amigo.
 
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
Jajaja, pobrecita, tal vez mantenía esa figura esbelta por el hambre que pasaba y encontró la ocasión para alimentarse bien a tu lado jejejeje, pero se pasó la pobrecita.... Ayyy Alfredo qué versos más bonitos y simpáticos, me ha encantado leerlos. Besazos querido amigo, con cariño y con admiración....Muáááááácksss....
 
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
Que divertido y que bien suena tu poema y sus rimas. Me ha gustado amigo Alfredo. Vaya papelón. Un abrazo. Paco.
 
Última edición:
Indiscutiblemente pésima suerte la suya, todo lo contrario con sus majestuosas décimas, magníficas, bien labradas y de un excelente humor. Un placer pasar por su maravillosa poesía, reciba mi más cordial saludo.
 
Jajaja, pobrecita, tal vez mantenía esa figura esbelta por el hambre que pasaba y encontró la ocasión para alimentarse bien a tu lado jejejeje, pero se pasó la pobrecita.... Ayyy Alfredo qué versos más bonitos y simpáticos, me ha encantado leerlos. Besazos querido amigo, con cariño y con admiración....Muáááááácksss....

Nada es perfecto en esta vida, tendré más cuidado con la próxima,
creo que mejor la llevo a comer después de.
Jajajajajaja las cosas que suceden en la vida.
Gracias por tu amable visita, saludos, abrazos y besos con mucho cariño.
Alfredo
 
Seis mil quinientos cincuenta
y explicar al policía
Que la culpable moría
de la tremenda indigesta.
Alfredo tu mala suerte
costó un ojo de tu cara
y aunque tu cuento lo aclara
que murió fue por su jeta
mejor no hubiese intentado
disparar esa escopeta.

Jocoso y muy divertido amigo Alfredo, un estilo que acá en Venezuela definimos como llanero, siendo un buen exponente de tan disímiles situaciones un declamador colombo-venezolano llamado "El Cazador Novato". Te invito a que busques algunos de sus trabajos en la internet que de seguro serán de tu agrado.

No me queda más que volver a felicitar tu trabajo y quedar a tu orden.

MANUEL
 
Indiscutiblemente pésima suerte la suya, todo lo contrario con sus majestuosas décimas, magníficas, bien labradas y de un excelente humor. Un placer pasar por su maravillosa poesía, reciba mi más cordial saludo.

Demasiada mala suerte querido amigo,
gracias infinitas por su amable compañía
saludos cordiales
 
Seis mil quinientos cincuenta
y explicar al policía
Que la culpable moría
de la tremenda indigesta.
Alfredo tu mala suerte
costó un ojo de tu cara
y aunque tu cuento lo aclara
que murió fue por su jeta
mejor no hubiese intentado
disparar esa escopeta.

Jocoso y muy divertido amigo Alfredo, un estilo que acá en Venezuela definimos como llanero, siendo un buen exponente de tan disímiles situaciones un declamador colombo-venezolano llamado "El Cazador Novato". Te invito a que busques algunos de sus trabajos en la internet que de seguro serán de tu agrado.

No me queda más que volver a felicitar tu trabajo y quedar a tu orden.

MANUEL

Gracias querido amigo Manuel por acudir, además de tu bella respuesta en verso.
Ya buscaré a ese poeta que me indicas y también estoy seguro que será de mi agrado.
De igual manera me pongo a la orden, recibe un fuerte abrazo hasta tu bella patria.
Alfredo
 
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
Caramba !! Alfredo Grajales, pero que historia !! Algo irónica, la verdad no se sí sonreír o lamentarme, de todas formas es muy bien logrado este poema, gracias por invitarme hermano, te dejo un fuerte abraso.
 
Ay, Alfredo, que mala suerte por partida doble, ya que ha cargado con "dos muertes", con el tremendo gastos y la de su musa , y encima no haber disfrutado. Saludos y gracias por tu invitación a leer este ttagixomivo poema
 
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
Mi queridísimo Alfredo:
Eres un maestro que dominas a la perfección el lenguaje y este poema, que he disfrutado de principio a fin, es la prueba de lo que digo. Tengo que decir que no me ha sorprendido pues ya esperaba una composición de gran altura que además cuenta con el tono de humor elegante que te caracteriza. Repito, lo he disfrutado mucho y volveré a hacerlo sin dudar.
Recibe mi abrazo muy fuerte.
Salvador.
 
Una historia desternillante y muy bien narrada, Alfredo; no cabe duda que dominas la décima con mucha soltura y gracia.
Mi sincera felicitación con un cordial saludo.



En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!
 
En una ocasión estando
conviviendo con amigos,
los que pongo por testigos
de lo que les voy narrando.
De una fiesta disfrutando
como cualquier invitado,
cuando pasó por mi lado
una mujer tan hermosa,
tenía un cuerpo de diosa
¡que me dejó impresionado!


Mi pensamiento malvado
a volar se echó enseguida
y le dije: ¡hola mi vida!
¡ven y siéntate a mi lado!
Me dejaste anonadado
con tu singular belleza,
¿qué te invito, una cerveza,
o algún coctel preparado?
¿puedo invitarte a otro lado?
¡y aceptó con la cabeza!


Se quedaron en la mesa
ya servidas las bebidas,
nos salimos a escondidas
con bastante ligereza.
Ella con mucha destreza
insinuó ir a un restaurante,
aunque no fuera elegante
pues andaba de apetito,
dijo: algo muy ligerito
¡para que al fragor aguante!


Tomé su mano, ¡adelante!
presto que llega el mesero,
ella pidió con esmero:
un pollo en salsa picante.
Yo la miraba expectante,
de té pidió cuatro tazas,
después, carnero a las brasas,
Españolas dos tortillas,
de res un par de costillas
con flores de calabazas.


Le dije, cielo: ¡te pasas!,
le hice una seña al mesero,
(dígame usted caballero)
deme la cuenta, (entre guasas).
Por poco con todo arrasas,
aunque estaba muy contenta,
cuando me trajo la cuenta
puso en mi mano la pluma,
¡casi muero al ver la suma,
seis mil quinientos cincuenta!


Al hotel me la llevé
para poder disfrutarnos
y después de un baño darnos
en la cama la acosté.
Cuando por fin la abracé
la contemplé con asombro,
me la recosté en el hombro
¡de indigestión se murió!
y la ingrata me dejó:
¡con la escopeta en el hombro!

Jajajajajaja buenísimos versos preciado Alfredo perfectamente llevados con excelsa maestría y con unas imágenes que aún vuelan por mi mente.
Unas décimas que me han gustado mucho fruto de un gran talento.
Recibe un fuerte abrazo Alfredo
 
Caramba !! Alfredo Grajales, pero que historia !! Algo irónica, la verdad no se sí sonreír o lamentarme, de todas formas es muy bien logrado este poema, gracias por invitarme hermano, te dejo un fuerte abraso.

Pues de lamentarte, no creo que sea por ella, ya que al menos ella si disfrutó
aunque la comida, el desafortunado fui yo.
gracias por aceptar venir a leer y aún más por comentar.
Recibe un fuerte abrazo
 
Ay, Alfredo, que mala suerte por partida doble, ya que ha cargado con "dos muertes", con el tremendo gastos y la de su musa , y encima no haber disfrutado. Saludos y gracias por tu invitación a leer este ttagixomivo poema

No sé que sea más grave en este caso ¿Haberme quedado con la escopeta en el hombro, o que ella haya fallecido?
Al menos ella disfrutó de algo.
Grato haberte recibido, un abrazo sincero
 
Jajajaja, menudo atracón, no me extraña que acabara así, y el se quedo" compuesto y sin novia" que decimos por aquí. Me ha encantado tu poema, gracioso y con sentido del humor y picardia. Gracias por invitarme a su lectura, un abrazo, Alfredo

La traía atrasada, como decimos en México, ella al menos si comió
yo miré el menú. Gracias infinitas por aceptar pasar y dejar tu comentario
recibe un fuerte abrazo y un fraternal saludo
 
Mi queridísimo Alfredo:
Eres un maestro que dominas a la perfección el lenguaje y este poema, que he disfrutado de principio a fin, es la prueba de lo que digo. Tengo que decir que no me ha sorprendido pues ya esperaba una composición de gran altura que además cuenta con el tono de humor elegante que te caracteriza. Repito, lo he disfrutado mucho y volveré a hacerlo sin dudar.
Recibe mi abrazo muy fuerte.
Salvador.

Querido amigo Salva (Chava) para nosotros en México, demasiados elogios que la verdad no merezco,
si bien es cierto que suenen un poco bien mis décimas, no puedo abandonar ese lenguaje simple que noes muy bien visto por otros, pero a mí se satisface mucho este estilo mío. Sin demeritar a los compañeros lenguaje pulcro y de un elevado lirismo, cada vez que estoy escribiendo me imagino estar en un templete frente al público (que importa si son 3 o 4 ), improvisando mis décimas, esa es la razón por la cual gusto de escribir así.
Mil gracias querido amigo por tu amable paso, Dios alargue tus días en gran manera.
Alfredo
 
Una historia desternillante y muy bien narrada, Alfredo; no cabe duda que dominas la décima con mucha soltura y gracia.
Mi sincera felicitación con un cordial saludo.

Gracias infinitas querido amigo, la verdad es que me fascina la décima, crecí escuchándola y pensando algún día ser como esos señores que con tanta facilidad improvisaban versos parados en una tarima o templete. No sé si en realidad yo la domino a ella o ella me domina a mí, ya que siento esta estructura prácticamente correr por mis venas.
Gracias por tu atención, tu paso generoso comentario.
Saludos y fuerte abrazo
 

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