Cruzó el ángel del silencio
el iris roto de tus ojos,
petrificados ante la inminente
cercanía de mi cuerpo incrédulo,
cuyos pasos no atinaron
más camino que tu vera,
inconsciente de que dos almas
dejaban que un haz de tiempo
confundiera historias dormidas
entre pasado y presente.
!Sabes que no seguí tus huellas!
!Y sé que no me esperabas!
Nadie vió tu lágrima secándose
al compás tardío del viento,
ni el recuerdo de mis besos
lloviendo en tu memoria.
Nadie vió a tu mirada,
que solo yo reconozco,
decir en un mar de ensueño:
¡Fuiste mi primer hombre!
Y aún temo que alguna vez,
la mano que te sostiene,
escuche de tus labios una noche,
sílabas sonoras con mi nombre.
Se hizo fugaz el momento
y eterno en el recuerdo,
como eterno será el fuego
en tu pecho arrepentido,
suplicando idilios sin palabras
y perdón en el rubor
que vistieron tus mejillas...
Te ví partir de nuevo,
pero esta vez sin sueños,
sin la sonrisa felíz,
dejando en el perfume al viento
el último suspiro de un te quiero.
el iris roto de tus ojos,
petrificados ante la inminente
cercanía de mi cuerpo incrédulo,
cuyos pasos no atinaron
más camino que tu vera,
inconsciente de que dos almas
dejaban que un haz de tiempo
confundiera historias dormidas
entre pasado y presente.
!Sabes que no seguí tus huellas!
!Y sé que no me esperabas!
Nadie vió tu lágrima secándose
al compás tardío del viento,
ni el recuerdo de mis besos
lloviendo en tu memoria.
Nadie vió a tu mirada,
que solo yo reconozco,
decir en un mar de ensueño:
¡Fuiste mi primer hombre!
Y aún temo que alguna vez,
la mano que te sostiene,
escuche de tus labios una noche,
sílabas sonoras con mi nombre.
Se hizo fugaz el momento
y eterno en el recuerdo,
como eterno será el fuego
en tu pecho arrepentido,
suplicando idilios sin palabras
y perdón en el rubor
que vistieron tus mejillas...
Te ví partir de nuevo,
pero esta vez sin sueños,
sin la sonrisa felíz,
dejando en el perfume al viento
el último suspiro de un te quiero.