Abrahám Emilio
Emilio.
NOTA: Ya que mi estilo es no autcomenta mis poemas, solo digo que jamàs mis poemas es ofender a nadie y yo recibo todas la crìticas aùn sean malas y agradezco mucho la sinceridad... muchos me pueden decir que mi poema no vale un centavo pero para mì son mis tesoros ya que afloro mi sentir y me gusta como los escribo, si hay cosas que corregir lo harè màs adelantes cuando me dè cuenta que relamente està mal.. saludos a todos y gracias por sus comentarios.
Es una anécdota de la pubertad,
algo que hasta hoy no hay concilio
aturde en la inefable huesa del idilio,
y esto pasó ¿pasó en verdad?
enamorado de mi hermosa vecina;
dicho amor fue tan imparcial,
como las amarillentas espinas del rosal
como llorar ante la orbe de inquina...
Eramos amigos, pues no pude camelar,
tan igual a estos versos y poemas sosos
de tanta habla y mensajes perezosos..
no quiero recordar...¡¡quiero llorar!!
Una amistad de por sí nos enlazó
a grado de zozobrante beatitud,
a la más profunda y lenitiva virtud,
y qué importa, soy yo quien se enamoró...
aquel lejano alba salimos en una lid,
rencillas que parecen irreconciliables;
como voltajes de los pelados cables,
como un trago amargo frutos de la vid...
rivalizados.., yo sentía aquel místico rescoldo;
esa noche, era ¡la última función del circo!
- ella asistiría - feliz, di un tremendo brinco
y pensaba en reconciliarnos bajo ese toldo...
Llegaba a casa, mi padre beodo, le pedí dinero,
el quería beber licor en paz, y yo, un amiste
le dije: "de nuevo en ese plan, tú ya perdiste",
"padre quiero distraerme", pues no fui sincero...
Compré el boleto y en efecto vi a ella,
solo centímetros y pasos nos alejaban,
pero una sorpresa, algo menoscaba,
algo como sin querer nos "atropella".
Venía acompañada de un novio,
él le daba calor a sus manos
era el chico del carácter lozano..
y yo..¡¡me sentí como un microbio!!
las luces del circo se apagaban
la función en instantes comenzaba,
intermitente el payaso alegraba
y los arlequines al público jonjababan...
sentado allí de momento en momento,
la miraba fijamente pero ¡yo no existía!,
aquel dolor era mi soledad en cofradía
que petrificaba el cisma como cemento...
yo me puse a llorar y no exagero,
el camelar, no sé si será errata
pero si sé que amar mata y mata,
y ¿qué es peor que un amor ajeno?...
al entre-tiempo, sentí un orgullo
un piano que en notas, nos juntó
(pero si uno al otro ni le habló),
ignorándonos ¡¡mariposas en capullos!!...
la noche profana y el sortilegio,
para mí: castigo; para él: privilegio;
como la moneda en la fuente
donde le lanzan piedras la gente...
no es anécdota o graceja beatitud,
eso se quedó sellado en el olvido;
pocos y muy pocos hayan vivido,
algo tan similar en su juventud...
Y libro oscuro de la injusta vida
se escribe con el tormentoso idilio,
también con el suplicio del exilio
y siempre muere tras la anochecida...
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Anthony Acosta Pérez
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