Estaba con una dama
demasiado entretenido,
cuando llegó su marido
¡Y dí un brinco de la cama!
Alguien a la puerta llama,
le dije con voz bajita:
dile -ya salgo ahorita
que de vestirme termine-
sus labios muy bien afine
para besar su boquita.
Mientras que yo como pude
buscando mi ropa andaba;
nervioso, no la encontraba,
tembloroso, sude y sude.
Es muy cierto, no lo dude,
de que al revés la camisa
me coloqué con la prisa
por salir despavorido,
oyendo entrar al marido
¡yo brincaba la cornisa!
La cerca estaba brincando,
pero muy claro escuchaba,
que a su mujer preguntaba
¿Con quién me estás engañando?
¡Enfurecido gritando,
mil improperios decía!
mientras tanto, yo corría
(pensé: si salvo mi vida
con esta grácil huída
¡nunca jamás volvería!)
Ya más tranquilo en mi casa
pensativo y relajado,
mi esposa al verme sudado
me preguntó ¿qué te pasa?
De la vecina Tomasa
sus perros me persiguieron;
alcanzarme no pudieron,
corrí con bastante suerte
si lo logran, me dan muerte
¡pero no lo consiguieron!
Sentada estaba en la cama,
¡estoy esperando ansiosa!
me dijo con voz melosa:
¡Ven y complace a tu dama!
Que tu presencia reclama
e impaciente está por ti;
sin dudarlo decidí
complacer a mi mujer,
me senti desfallecer
¡Cuándo desnudo me vi!
Las piernas se me doblaron,
se me espantaron las ganas;
entre fanfarrias y dianas
las fuerzas me abandonaron.
Los vellos se me rizaron
con miles de contracciones;
en mi cuerpo como arpones,
de nerviosismo depuse,
¿no supe cómo me puse?
¡de la dama sus calzones!