Ya te dije...

Marla

Poeta fiel al portal
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.

















 
Última edición:
No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.
Qué bueno, Marla. Me ha encantado este encantado poema de amor. Imágenes, metáforas; preciosas. Realmente un gusto leerte. Por cierto, creo que es el primero, así que indagaré en tus escritos.

Un saludo.
 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.



Imanta desde el comienzo, un gran poema Marla. Felicidades!!!

Palmira















 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.

















Marla, nunca uso la grandilocuencia desafiante del halago vacío con ningún poeta ni poetisa, así que estas mis palabras son ciertas, este es de lejos uno de los mejores poemas que he leido en el portal, me resistía a leerlo al principio, cuando ví la palabra París, pero al decidirme, pues que alegría!, encontrar esas imágenes fantásticas que hablan de vivencias ciertas, del yo profundo y el autoconocimiento, el amor que pide... una afirmación de lo que una persona es en el mundo.

Con tu permiso, pasará a ser uno de aquellos que atesoraré aparte, por supuesto, con mucho respeto.

Un saludo cordial

Giovanni
 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.


Precioso Marla, personal, íntimo, un mar de olas y una ciudad de amor y de luz, un definirse desde dentro, un mensaje...

Tremendos, lindos tus versos.

Un abrazo

Jon
















 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.

Precioso poema que deja gustoso leerlo, me gusto mucho pasar a leerte y dejarte un beso con cariño Lili.














 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.


















Maravilloso, profundo el mar de tus emotivos y delicados versos, sensible y romántico...
encantado de pasar a leerte Maria, Felicidades por tu divino versar, Un cordial saludo poetiza
 
Encantado de pasar a leer sus versos.
Con la sola existencia ya tenemos bastante.
Saludos.
 
Ya te dije que París jamás desnudaría
su piel de diosa bajo nuestros pasos,
que la luz era pólvora improbable para nosotros,
pobres reos, cubiertos de despojos;
que nos niega el saludo, arrogante,
una galaxia ajena a la desdicha.


Ya te dije que mis pies no comprenden
la linea recta de la vida,
que un cuervo viene cada mañana a hurgar en la acidez de mis mejillas
antes de que me desperece el pálpito metálico del grillo
y me encadene a la siesta del sol.


Ya te lo dije,
soy un islote a la deriva, ningún mar me reclama,
y, sin embargo, aquí estás, recogiendo el cardumen que no engulle
la boca
del tiempo;
preguntas a las algas por mi nombre de ola; te responden: no existe,
la pronuncian espinas y dientes de arena
desde hace tres infancias y veintidos inviernos.


No te vayas, amor,
tu mano es mi destino, mi harén,
un país virgen donde plantar una casa sin sombras,
una casa flotante sobre un país perdido en el incierto océano
que llaman Existencia.

Excelente poema, asombrosa afimacio de un amor que es
estudiado en profundidad que es intimidad de vivencias
propias en ese cosquilleo de los sentimientos. magnifico
luzyabsenta
 

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