Flamma
No hay rencor,
entre los hilos glaucos de esta túnica
la sangre suavemente bulle
y la capa ha de abrigarme.
De la noche a la mañana
solo hay un paso de la vida a la muerte;
insertado como una gema,
el dolor ya ha cumplido su destino
y como fuego calcinante
en este gladius ha templado
el honor antes que el desprecio.
No hay dolor,
entre la bruma
y las lágrimas inmerecidas,
desde el profundo pozo
de la decepción
el corazón levantará el pilum,
sacudirá la lóriga,
y acomodando en la sinestra el escudo
dará un paso adelante,
con la frente marcada de arrugas
y los ojos colmados de paz…
volverá con orgullo a la fila.
No hay amor,
entre las crines que adornan la galea
secan ya las huellas ensangrentadas,
ya no se oyen el bramido de la extinta batalla
ni los gritos de odio,
la mano nerviosa
buscará en el cíngulum
la certeza de la hombría, y al pie
aún se mostrarán cerca de la caligae
los restos ya inmóviles
de la horrenda medusa vencida.
No hay olvido,
entre la certeza de mis pasos
yo siempre recordaré
que me odiaste a muerte
tan solo por haberte amado,
mujer que te tornaste en quimera.
Bello poema inundado de lamentos, de rencores, de dolor y de resignación. Tal vez también de esperanza, de desprenderse de las cenizas para volver a hostigarse, para volver a sufrir y a fustigarse por el amor de su dama. Aunque, a lo mejor, más que por el amor de su amada, por el amor hacia su musa, hacia ese concepto que el poeta se forja, un concepto idealizado y platónico.
La forma en que, a mí me pareció, hablas de la manera en que él decide continuar idealizando a su musa, me pareció la mejor parte del poema, la más poética, la más original y sensible.
Es un placer haber leído un poema tuyo.
Un saludo cordial.