Yo Aurelio
Poeta recién llegado
Mía, necesaria y mía,
tan cierta como un reloj,
tan aleve como una ola,
es de las que fomentan palomas con un guiño.
Desmesuradamente mía,
exacta para este amor rustico y frágil
como un niño.
Mía hasta donde nos deje su libertad;
mía con la dosis de maldad perfecta
para este corazón hipocondríaco
que sufre de sequía si ella se aleja.
Míos son sus besos que uso como un traje
para vestirme de arlequín por sus praderas,
mía esta comunión con sus absurdos
y su mal humor por las mañanas,
mía tanto como sus caminos nos permitan,
mía antes que otros caminos nos alejen.
Ella es mía desde que sus principios quedaron abatidos
ante el viento socarrón de mi insistencia,
mía por decreto y conveniencia.
Ella es mía cuando la tarde se marchita
y hacemos pactos de luna en la ausencia de su falda,
ella es mía en el desayuno,
como besos con miel y rebanadas de su boca,
ella es mía y no está presa,
es solo que las locas no deben andar sueltas.
tan cierta como un reloj,
tan aleve como una ola,
es de las que fomentan palomas con un guiño.
Desmesuradamente mía,
exacta para este amor rustico y frágil
como un niño.
Mía hasta donde nos deje su libertad;
mía con la dosis de maldad perfecta
para este corazón hipocondríaco
que sufre de sequía si ella se aleja.
Míos son sus besos que uso como un traje
para vestirme de arlequín por sus praderas,
mía esta comunión con sus absurdos
y su mal humor por las mañanas,
mía tanto como sus caminos nos permitan,
mía antes que otros caminos nos alejen.
Ella es mía desde que sus principios quedaron abatidos
ante el viento socarrón de mi insistencia,
mía por decreto y conveniencia.
Ella es mía cuando la tarde se marchita
y hacemos pactos de luna en la ausencia de su falda,
ella es mía en el desayuno,
como besos con miel y rebanadas de su boca,
ella es mía y no está presa,
es solo que las locas no deben andar sueltas.