lesmo
Poeta veterano en el portal
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.
Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.
Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.
Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.
Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…
Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.
Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.
Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.
Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.
Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.
Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.
Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…
Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.
Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.
Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.