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Incendio desde la Ría de Vigo

lesmo

Poeta veterano en el portal
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.

Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.

Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.

Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.

Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…

Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.

Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.

Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
 
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.

Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.

Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.

Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.

Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…

Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.

Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.

Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
Muy bonito tu romance sobre el incendio de la ría de vigo. Ha sido grato leerte. Un fuerte abrazo amigo.
 
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.

Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.

Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.

Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.

Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…

Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.

Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.

Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
Conmovedoras y magistrales letras, un abrazo.
 
Es rabia e impotencia lo que se siente ante desgracias de tales magitudes.
Excelentes letras.
Abrazos.
Efectivamente, amiga, aunque en esta ocasión solo lo vi por televisión el recuerdo de otros incendios me trajo estas letras amargas Dan ganas de volcar toda la ría sobre el monte. De ahí que deseara subir el mar sobre nubes invernales.
Muchas gracias por acercarte a estas letras y dejar tu siempre amable huella.
Con mi abrazo bien fuerte.
 
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.

Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.

Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.

Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.

Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…

Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.

Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.

Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
Muy bello poema para una triste situación, arden los bosques y se quema mucho de nosotros. Me ha gustado por como lo has escrito y por el actual tema tratado amigo Lesmo. Un abrazo. Paco.
 
Muy bello poema para una triste situación, arden los bosques y se quema mucho de nosotros. Me ha gustado por como lo has escrito y por el actual tema tratado amigo Lesmo. Un abrazo. Paco.
Muchas gracias, querido Paco, por este reflexivo comentario con el que acompañas con tu presencia siempre grata estas letras. Siempre los incendios son una gran tragedia, en todo lugar y me causan, como a todos pienso, una gran conmoción.
Con mi abrazo bien fuerte, amigo poeta.
 
Qué turbia fue la culpa
cuando incendió el paisaje,
con su mano siniestra
fue derribando árboles.

Qué opaco se hizo el humo
en ascensión constante
tiznándonos los rostros
de augurios infernales.

Qué mapas se pintaron
sobre la piedra estable
venidos de una noche
pisada por gigantes.

Qué monte, cuánto luto,
de negros animales,
envejeció de pronto
mientras manchaba el aire.

Qué mar tan impasible
calmado de oleaje,
si pudiera subirse
en nubes invernales…

Qué silenciosas son
las voces ancilares
si mientras todo ardía
hablaban de otros mares.

Qué grandes son las noches
de fuego interminable
que son como guadañas
que siegan yugulares.

Qué pronto se acostumbra
la lágrima a secarse
aunque en los ajimeces
la muerte esté delante.
Que odio será ese,
conciencia imperdonable,
el daño que provocan
quemando hasta los árboles.

La casa que nos dieron
debemos de cuidarla
piromano la quema
que mal rayo te parta.

Gran abrazo estimado amigo.
 
Que odio será ese,
conciencia imperdonable,
el daño que provocan
quemando hasta los árboles.

La casa que nos dieron
debemos de cuidarla
piromano la quema
que mal rayo te parta.

Gran abrazo estimado amigo.
Muchas gracias, querido amigo Alfonso, por este comentario que dejas en forma de reflexivos versos. Siempre agradezco tus visitas en mis letras, querido.
Recibe mi abrazo siempre desde la amistad.
 

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