Se oía aún muy lejano el silbido de un tren; su sonido era ahogado por el del viento que gobernaba aquellos parajes solitarios donde, habitualmente, jugaban los niños que gustaban de lugares prohibidos, lejos de las miradas de los mayores.
Marcel seguía a su gemelo,Carles, mientras el viento movía a su antojo las páginas de los libros colocados en el suelo, de donde habían aprendido las técnicas de hipnosis que llevaban varios días practicando entre ellos, y que parecían hacer efecto solo en Marcel, al que su hermano manejaba a su antojo.
Carles llegó a su casa con una marcada sonrisa de orgullo.
-¿Sabes qué, mamá? ¡la hipnosis ha funcionado, he curado a Marcel! ya no tiene fobia al tren, ¡te lo juro!, se quedó allí tan tranquilo, esperando que llegue, tendido sobre los raíles...
Marcel seguía a su gemelo,Carles, mientras el viento movía a su antojo las páginas de los libros colocados en el suelo, de donde habían aprendido las técnicas de hipnosis que llevaban varios días practicando entre ellos, y que parecían hacer efecto solo en Marcel, al que su hermano manejaba a su antojo.
Carles llegó a su casa con una marcada sonrisa de orgullo.
-¿Sabes qué, mamá? ¡la hipnosis ha funcionado, he curado a Marcel! ya no tiene fobia al tren, ¡te lo juro!, se quedó allí tan tranquilo, esperando que llegue, tendido sobre los raíles...
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