Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo a bien presentar el siguiente trabajo realizado con la colaboración de mi compañero poeta @Carlos Gabriel Plenazio, al que destaco en rojo
Se convierte en aguacero
del norte la sombra oscura
dando fin a la mesura
y a los trinos del jilguero.
Cambia su ruta el sendero
que por el agua es lavado
el paisaje apantanado
cual si fuera madre herida
esconde toda la vida
que en su seno ha generado.
El paisaje horrorizado
observa en sus matorrales
a los pobres animales
que su refugio han buscado.
y protege con cuidado
a la vida que genera
hasta la vasta pradera
también cubre con su manto
desgarrador es el llanto
que se escucha por doquiera.
El gran río que embistiera
contra el campo tan furioso
hijo de un cielo lluvioso
que la montaña pariera.
Parece se arrepintiera
de ver el campo anegado
dejando de nuevo el prado
tendido de un fresco verde
y como nada se pierde
nace un trino alborotado.
Ya la tormenta ha pasado
el sol de nuevo aparece
con gran fulgor resplandece
e ilumina con agrado.
Con sus rayos ha bordado
una esperanza de vida
después que fuera abatida
por la tormenta inclemente
hoy le mira complaciente
totalmente agradecida.
Así la vida acontece
mezclando lluvias y soles
mariposas, caracoles
sobre un tronco que florece.
El sin sabor nos ofrece
oportunidad de risa
nos llega una fresca brisa
después de llorar dolores
abrígate en los amores
que el corazón no improvisa.
La vida surge deprisa
renacen los manantiales
regresan los animales
y así el campo se matiza.
Desde lejos se divisa
que la vereda se pierde
se confunde con el verde
de tan tupido follaje
resaltando en el paraje
para que Dios los recuerde.
Se convierte en aguacero
del norte la sombra oscura
dando fin a la mesura
y a los trinos del jilguero.
Cambia su ruta el sendero
que por el agua es lavado
el paisaje apantanado
cual si fuera madre herida
esconde toda la vida
que en su seno ha generado.
El paisaje horrorizado
observa en sus matorrales
a los pobres animales
que su refugio han buscado.
y protege con cuidado
a la vida que genera
hasta la vasta pradera
también cubre con su manto
desgarrador es el llanto
que se escucha por doquiera.
El gran río que embistiera
contra el campo tan furioso
hijo de un cielo lluvioso
que la montaña pariera.
Parece se arrepintiera
de ver el campo anegado
dejando de nuevo el prado
tendido de un fresco verde
y como nada se pierde
nace un trino alborotado.
Ya la tormenta ha pasado
el sol de nuevo aparece
con gran fulgor resplandece
e ilumina con agrado.
Con sus rayos ha bordado
una esperanza de vida
después que fuera abatida
por la tormenta inclemente
hoy le mira complaciente
totalmente agradecida.
Así la vida acontece
mezclando lluvias y soles
mariposas, caracoles
sobre un tronco que florece.
El sin sabor nos ofrece
oportunidad de risa
nos llega una fresca brisa
después de llorar dolores
abrígate en los amores
que el corazón no improvisa.
La vida surge deprisa
renacen los manantiales
regresan los animales
y así el campo se matiza.
Desde lejos se divisa
que la vereda se pierde
se confunde con el verde
de tan tupido follaje
resaltando en el paraje
para que Dios los recuerde.
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