TARDE GRIS
Poeta que considera el portal su segunda casa
Duerme...
Vuela tu alma a las entrañas del silencio,
acuna en sus rincones la soledad de las sombras,
tus agitadas manos se envuelven de calor
y sueñas que cabalgas por el agua, que navegas en la tierra,
que te besan las estrellas, que la luna es tu destino.
Del tiempo no eres dueño, el acantilado negro de
tus ojos sonríe y menciona las palabras del amor.
Duerme...y dame un abrazo de espiga con tu
sonrisa limpia y tu corazón de besos.
Sacude la lluvia ardiente antes que llegue
la frialdad del sol.
Ya te bañas de perfume, los deseos se convierten
en ayer, traspasaste los muros donde el cuerpo
respira y tu vuelo serpentea en mi noche llana
para dejar tus gotas de rocío que acarician
estas rosas blancas, sin dolores y sin lágrimas
en la piel dormida que sacude mis vacíos.
Duerme, duerme que yo te miro y te devuelvo
el beso que despertó las ansias de mis dulces llamas,
dejando en tus labios la miel de mi pecado,
porque te sé lejano, porque duermes
y no te das cuenta que en esta polvareda
que el viento levanta de la arena del camino,
he sido ave que desplegó sus alas para
visitar tus pasos y la alcoba de tus ojos cerrados,
cuando tu alma calla y la mía quisiera a la tuya,
amarla.
Vuela tu alma a las entrañas del silencio,
acuna en sus rincones la soledad de las sombras,
tus agitadas manos se envuelven de calor
y sueñas que cabalgas por el agua, que navegas en la tierra,
que te besan las estrellas, que la luna es tu destino.
Del tiempo no eres dueño, el acantilado negro de
tus ojos sonríe y menciona las palabras del amor.
Duerme...y dame un abrazo de espiga con tu
sonrisa limpia y tu corazón de besos.
Sacude la lluvia ardiente antes que llegue
la frialdad del sol.
Ya te bañas de perfume, los deseos se convierten
en ayer, traspasaste los muros donde el cuerpo
respira y tu vuelo serpentea en mi noche llana
para dejar tus gotas de rocío que acarician
estas rosas blancas, sin dolores y sin lágrimas
en la piel dormida que sacude mis vacíos.
Duerme, duerme que yo te miro y te devuelvo
el beso que despertó las ansias de mis dulces llamas,
dejando en tus labios la miel de mi pecado,
porque te sé lejano, porque duermes
y no te das cuenta que en esta polvareda
que el viento levanta de la arena del camino,
he sido ave que desplegó sus alas para
visitar tus pasos y la alcoba de tus ojos cerrados,
cuando tu alma calla y la mía quisiera a la tuya,
amarla.
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