esthergranados
Poeta adicto al portal
Mi hermana y yo convencimos al resto de los niños de que jugáramos a "El asesino". Era nuestro entretenimiento favorito, así que apagamos la luz y comenzamos la partida. Cuando la volvimos a encender, mi primo estaba tendido en el suelo, al lado del sofá. Nuestras risas nerviosas primero, y las voces asustadas después, alarmaron a los mayores, que bajaron precipitadamente a ver qué nos pasaba. Descubrieron, incrédulos, el cadáver del niño.
Mis padres, que siempre achacaron mis advertencias sobre los instintos asesinos de mi hermana a los celos, cuando la vieron al lado del cuerpo del pequeño, con las manos manchadas de sangre, y el cuchillo a sus pies, la miraron sorprendidos y horrorizados.
Desde mi rincón, yo observaba la escena atentamente: ésta vez, la jugada me salió perfecta.
Mis padres, que siempre achacaron mis advertencias sobre los instintos asesinos de mi hermana a los celos, cuando la vieron al lado del cuerpo del pequeño, con las manos manchadas de sangre, y el cuchillo a sus pies, la miraron sorprendidos y horrorizados.
Desde mi rincón, yo observaba la escena atentamente: ésta vez, la jugada me salió perfecta.